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Bienvenidos a Libreros v. 3.0

Los que leen en facebook o twitter sabrán que Libreros, un webcómic sobre libreros continuó en una nueva plataforma, pero todavía no había encontrado tiempo para avisar a los lectores de este blog... y eso que ya han pasado ocho meses. Disculpas totales.
Por otro lado, los que han llegado a Libreros desde enero no tienen ni idea de que la primera versión del cómic es bastante anterior y comenzó en este blog. Tres años atrás, nada menos. Aunque no es exactamente lo mismo...
Así presenté el proyecto en enero de 2012: «(...) los personajes son siempre los mismos, un grupo de libreros de una librería del centro de la ciudad. Amantes de la literatura, obsesionados con los libros, perturbados por los clientes... vamos, su día a día». El concepto es el mismo, aunque aquella primera versión de Libreros tenía sus peculiaridades: no existía ningún criterio de extensión por entrega (igual podían ser cuatro viñetas que ocho); la historia arrancaba con la llegada de Lu, la más optimista de Tomo y Lomo, al equipo; la primera viñeta solía ser una vista exterior de la librería; y Gabi siempre añadía un chiste extra en sus camisetas. Bueno, Gabi no se llamaba Gabi, sino Mario, y el Mario actual era Gabi. Esto se debe a que todos los libreros de Tomo y Lomo comparten su nombre de pila con nóbeles de literatura hispana, y para la nueva versión del webcómic decidí que mi personaje favorito tenía que llevar el nombre de mi escritor preferido. ¡Cuánta información, lo siento!
Aquel Libreros original se publicó irregularmente entre enero de 2012 y mayo de 2013. Entonces me dediqué a otros proyectos y me olvidé un poco de este. Bueno, me olvidé bastante. Hasta primavera de 2014. Pero aquí he olvidado contar un detalle importante. Vaya, el detalle.
Durante tres años y medio fui librero. En ese tiempo me encontré con clientes de lo más excéntricos, eso por no mencionar lo grillados que estamos los propios trabajadores. Así empecé a dibujar las primeras viñetas libreras, aunque al principio los protagonistas éramos mis compañeros y yo. Las dibujaba en cualquier pedazo de papel que me encontraba por la librería (el reverso de un tíquet, un papel impreso que ya nadie necesitaba, un trozo de catálogo...) y las dejaba en cualquier lugar donde mis compañeros las pudiesen encontrar. Alguno tiene suficiente material para montar un mercadillo con viñetas.
Tarde o temprano descubrí que las librerías eran un filón humorístico, y así creé el establecimiento Tomo y Lomo y sus personajes. Ahí vuelvo tres párrafos atrás, cuando abrí el webcómic y lo amplié durante año y medio. Aunque no fui muy trabajador: sólo dibujé ocho entregas en ese tiempo. ¿Qué ocurrió después?
En noviembre de 2013 dejé la librería para embarcarme en una nueva aventura profesional. Pensaba que desconectaría rápidamente del mundo librero, pero uno no se olvida tan fácilmente. Por culpa de esa morriña los libreros de Tomo y Lomo volvieron a mí cabeza, tuve una idea para un proyecto más complicado y me puse a trabajar en el regreso. Escribí el guión de una historieta larga, muy larga, y dibujé y dibujé a un promedio de seis viñetas por folio, hasta que llegué a casi una veintena de páginas.
No tenía muy claro qué quería hacer con ella, y todavía me quedaba mucho trabajo por hacer. Lo que más me preocupaba era dedicar ¿año y medio?, ¿dos años? a una historia larga que posiblemente nadie quisiese leer. A fin de cuentas, el que había abandonado Libreros había sido yo y era poco probable que nadie los recordase. Esta historia larga no está publicada en ningún sitio, pero me encantaría terminarla un día. Tiene un arco argumental muy interesante y conocemos a los personajes con más profundidad. De hecho, añadí varias incorporaciones al equipo en esta versión 2.0: la librería gafapasta, el librero altísimo al que nunca vemos la cabeza (esto que está inspirado en un excompañero, que me perdone)... Todas estas páginas están guardadas en un cajón.
Tres propuestas para la entrega n.º 21.
Los «beta lectores» eligen su preferida (o ninguna).
Pero fueron la chispa de Libreros versión 3.0 que leéis ahora. Si quería que los antiguos lectores se reenganchasen a Libreros, tenía que repensar el proyecto. Las redes sociales están más presentes que hace tres años, así que lo primero fue sacar el webcómic del blog y crearle una página propia en Facebook. Este sería el nuevo hogar de Tomo y Lomo. También tuve que repensarlo un poco: si me enrollaba con entregas de tres o cuatro viñetas, nadie las leería en Twitter y pasarían desapercibidas en Facebook. Las redes sociales no se prestan a mucha historia. Así que tuve que hacer de tripas corazón y escribir entregas que fuesen de una viñeta exclusivamente, posiblemente más efectista para atraer lectores.
Desde enero he publicado casi medio centenar de viñetas, generalmente los domingos, pero también entre semana. Normalmente dibujo tres opciones, que muestro a lectores beta (y amigos) y de la que sale sólo una opción. No os podéis ni imaginar la de chistes descartados que tengo en las carpetas...
Para este Libreros 3.0 también he creado nuevos personajes: el representante sindical, el poeta barbudo... pero ya los iréis conociendo poco a poco.
Visitadlos sin miedo, están deseando que los conozcáis. También se pueden seguir en mi twitter, aunque no lo recomiendo. Es probable que os perdáis actualizaciones.
No puedo terminar este post sin dar las gracias a todos mis amigos transformados en spameadores por el proyecto. Gracias, vuestro será el Cielo del correo basura. :^) Muchas gracias igualmente a las librerías y libreros de los dos lados del charco que han recibido el proyecto con tanto entusiasmo. ¡Qué miedo que os sintáis identificados con estos dementes! Este proyecto no tiene ánimo de lucro, así que la difusión es de vital importancia. ¡Sois los mejores!
Tomo y Lomo se ha tomado un pequeño descanso vacacional, pero en septiembre regresa con las pilas recargadas. Hasta entonces y después, leed.


Alegato a la dignidad

No paro de escuchar que Madrid recupera la dignidad. Lo mismo con Barcelona, Valencia y un montón de ciudades que desde las últimas elecciones se han sumado al cambio.

En verdad, ni Madrid ni el resto de ciudades fueron nunca indignas. Indignos fueron sus dirigentes, una vergüenza (en muchos casos) para los lugares donde gobernaban. Pero nunca me he sentido avergonzado de ser de donde soy, aunque me hubiese gustado que las cosas fuesen de otro modo.

Tampoco siento que España haya perdido la dignidad, ni me avergüenzo de ser de aquí, por mucho que me aleje de quienes mandan. Los que han perdido la dignidad tienen nombre y apellidos, pero no conseguirán que me avergüence de una bandera, ya sea nacional, autonómica o municipal, solo porque son unos incompetentes. La vergüenza la deberían sentir ellos. Son ellos los que no merecen colocarse al lado de unas banderas tan dignas ni de un pueblo que está tan por encima de sus posibilidades.

Fin del alegato.

Todo cambia


Valenciano que vas a votar al PP