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El mejor escritor vivo del mundo

Hace poco, alguien me preguntó si incluiría a autores contemporáneos como Philippe Claudel o J.K. Rowling en las viñetas de La historia secreta de la literatura en cómic. La respuesta rápida es no, y por una razón muy simple: la serie sólo homenajea a escritores muertos. Sólo escritores muertos porque (en teoría), ha pasado suficiente tiempo para digerir su obra y declararla oficialmente literatura, aunque admito que con algunos como Corín Tellado fue más una broma que un homenaje sincero. Buenos o no, pero muertos a fin de cuentas.
En verdad, todo este tiempo he pensado en hacer una excepción. Hay un escritor vivo que creo, con toda la fe que permite una creencia, que es y será un auténtico hombre (y nombre) de la literatura universal mucho más allá de su muerte. Eso no se puede saber hasta que lo visite la parca, claro, sobre todo con los caprichos que tiene la historia: autores laureados que se olvidaron después de muertos (hay unos cuantos premios Nobel que hoy no tienen ningún libro traducido circulando, y son premios Nobel) y otros ignorados en vida que luego han hecho caja a sus herederos, a modo de reconocimiento póstumo que de nada sirve en el Parnaso.
Predecir los honores por los siglos de los siglos es muy complicado, y mucho más con tantas plumas escribiendo estos días. Pero si hay un autor vivo por el que apostaría un lugar relevante en los estudios de literatura de los próximos siglos, ese es el colombiano Gabriel García Márquez. Literatura viva. Algo que no se puede decir a la ligera.
No sé si Cien años de soledad es mi libro favorito, pero es una obra maestra desde la primera página a la última. Luego leí Crónica de una muerte anunciada y El coronel no tiene quien le escriba, que me gustaron pero no fue lo mismo, tú me entiendes. Ahora leo El amor en los tiempos del cólera, con Juvenal, Florentino y Fermina, y vuelvo a sentir lo mismo que con la leyenda de Macondo: literatura en estado puro. Como dijo A. hace poco, ya puedes abrir el libro por la página que quieras que cada línea está escrita por un maestro.
¿Crees que García Márquez ya ha pasado a los grandes de la literatura como Cervantes, Shakespeare y compañía, y todavía no ha demostrado tanto? ¿Hay otro autor vivo que pueda decir lo mismo? ¿Me olvido de algún nombre? No te olvides de comentar. Quiero saber cuánto me he pasado de exagerado.

Si pudiese abrazar a todos los gatos

Siempre hablaba de mi podio de videos favoritos de Internet, una lista requetepensada donde Las vecinas de Valencia ocupa el primer lugar (repito más sus frases que el tolkiniano) y Ayúdame-tengo-muchos-quehaseres se lleva la plata. Sin embargo, y aunque parezca obligado con un primero y un segundo, no tenía ningún tercer puesto adjudicado. Nada que estuviese ni remotamente a la altura.
Eso fue hasta que mis valencianos me presentaron a eHarmony. Y cambié de idea.
Supongo que los videos frikis de Internet, igual que los clásicos de la literatura, se miden por el poso que nos dejan mucho tiempo después de la lectura. Luego descubrimos que se trataba de una humorista, que todo era una broma y caímos como imbéciles, pero como imbéciles nos reímos.
La cosa empeoró cuando I., D. y R. me mostraron la versión musical. Desde entonces no podemos parar de cantar. Advertidos quedáis. Crea adicción.

Charles Dickens en «La historia secreta de la literatura en cómic (xi)»



El clásico británico está de bicentenario y es el protagonista de la undécima entrega de La historia secreta de la literatura en cómic. En anteriores capítulos: las hermanas Brönte, el genio Roald DahlJ.R.R. Tolkienel anónimo de El lazarilloAgatha ChristieJulio CortázarAntoine de Saint-ExúperyDante AlighieriLeón Tólstoi y Corín Tellado. Muy riguroso todo.

La muerte de Maude Flanders o el «statu quo» que se rompe

«Esta saga de libros ¿puede leerse al azar o hay que hacerlo de principio a fin?»
La pregunta se extiende a las series de televisión, cómics y demás, y no es ninguna tontería. Aunque ninguna tienda o catálogo las distingue en su distribución de secciones, lo cierto es que hay historias que no exigen ningún conocimiento anterior cuando uno las empieza por la mitad, y otras en las que si no se empieza por el principio, uno no entiende nada y acaba aburriéndose.
No se puede empezar Perdidos por la última temporada ni Harry Potter por el libro seis. Sí, sus autores han contado una historia concreta en cada entrega, pero dependen de un hilo argumental general que carga con la principal carga emotiva de la serie. Con cada final de episodio, los protagonistas se encuentran en un punto diferente a cuando comenzaron.
Eso no es un problema para las series (sea cual sea su medio, desde libro hasta televisión) donde prima el statu quo, es decir: donde al terminar el capítulo, todo vuelve a la normalidad inicial. Esto no sólo es posible, sino también muy habitual: es lo que ocurre con Los Simpson, Mortadelo y Filemón, C.S.I. y gran cantidad de éxitos contemporáneos. El arco argumental general se sacrifica por una trama diferente en cada capítulo, ya sean treinta minutos de televisión o un número de tebeo. Puede que los Simpson viajen muy lejos, pero volverán al 742 de Evergreen Terrace antes de que aparezcan los créditos. Da igual si Homer cambia de trabajo, Bart se mete en problema o Marge se desmadra: todo vuelve a la normalidad, al statu quo, antes del próximo episodio. Lo mismo sucede en muchas otras producciones de éxito.
Sin embargo, hasta los más tradicionales pueden romper la normalidad alguna vez, y que su statu quo se rompa en vistas a los próximos episodios. No siempre logran recuperar el estado normal, aunque los guionistas recurran muy pocas veces a ello. Hasta los Simpson han sufrido experiencias que han afectado a temporadas posteriores, y son unas cuantas: la muerte de la mujer de Ned Flanders, Maude, es un ejemplo de ello. También el romance entre el director Skinner y la señorita Krabappel o la conversión de Lisa al budismo, por citar unos ejemplos. ¿Se te ocurren más ejemplos?
También C.S.I. (en todas sus versiones) rompe en ocasiones la escala de crímenes para introducir romances entre los personajes que cambian la impresión «aleatoria» de la serie, y lo mismo ocurre con casi todas las historias que hacen del statu quo su bandera, un remedio para contrarrestar unos personajes que a veces resultan demasiado planos a fuerza de regresar siempre al estado anterior y fidelizar al público que las sigue desde el comienzo. Algunos siempre preferiremos las historias donde nada permanece, pero ¿no tiene su encanto volver siempre al principio y, más aún, romperlo en alguna ocasión especial? Mi mala memoria me impide recordar otras rupturas del statu quo de Los Simpson y otras series, pero seguro que se te ocurren a ti. Recojamos entre todos esos momentos en que los guionistas rompieron su propia norma. Esta vez sí te toca comentar.