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Post-Acción de Gracias

Ayer celebramos la primera cena de Acción de Gracias de nuestras vidas, y me temo que se va a instalar en nuestros ritos hasta el final de los días. Básicamente, es una cena familiar pero con amigos, comida especial y decoración. Decidme que no es para marcarla en el calendario.

Y después del pavo (el de carne y el vegetariano) y el pastel de manzana, vinieron los videos frikis. No faltaron las Vecinas de Valencia (busca en YouTube) pero quedará para la posteridad el de 'Ayúdame', que yo todavía no conocía. Pasa a engrosar mi exquisita lista de recomendados. Digan lo que digan, yo no me creo que este video lo haya hecho un amateur. Las chicas serán auténticas, pero el realizador (y también ellas, ojo) merece un premio. Ya querría yo...

"V" en retrospectiva

Con el remake de la serie (y su clara influencia valenciana. ¡Por fin la prueba definitiva de que los valencianos provenimos de otra galaxia, y de una especialmente cool!), me sentí tentado de revisionar la serie original de "V", aquella que veía en mis primeros años por culpa de mis hermanos (o gracias a ellos) cuando lo que correspondía para mi edad era algo más del tipo Barrio Sésamo. De Espinete no guardo ningún recuerdo, pero de lo que es Diana, todos y cada uno de sus movimientos.

Ya digo que vi la serie de muy pequeño, por lo que mi concepción de ella era una historia de invasores y rebeldes, con muchos tiros y persecuciones. La tenía idealizada y sin embargo, el revisionado, la ha colocado en un escalafón superior. Los dos primeros episodios son flipantes: una realización impecable (para la época, se entiende) con un guión de matrícula de honor. Por desgracia, los tres siguientes, son un chicle estirado que a uno le cuesta cada vez masticar.
Los cinco capítulos de la miniserie (luego seguirían otros, pero ciñámonos a la original) sirven para demostrar que "V" molaba, y que sigue molando, y que mi remake sólo tiene sentido para el guión del final y no por los efectos especiales. Pero, en mi sesión de adulto, tengo dos quejas a la historia que me han puesto los pelos de punta. Hondas contradicciones que quizá contengan algún espóiler, si es que alguien todavía no la ha visto:
  1. En un principio parece que los "invasores" son un pueblo de igualdad de géneros, a juzgar por el alto cargo de la mala Diana. Luego, con la llegada de la superior Pamela, el dato se reitera. Todo para nada, porque una le acaba diciendo a la otra: "Yo también me acosté con el líder para llegar alto". Menuda patada en los huevos a quien se pensase que en esta historia las mujeres tendrían sesos. Se salva Julie, la jefa de la resistencia.
  2. El guión crea muchos paralelismos entre la ocupación nazi y la de los invasores, sobre todo desde el punto de vista judío-terrícola. Uno acaba creyéndose todo ese rollo de "abajo el fanatismo, fuera las razas" pero de nuevo llega otra patada al sentido común cuando la resistencia decide que la mejor forma de hundir a los alienígenas es demostrar que son físicamente distintos. Eso, pese a que hay alienígenas buenos. ¿Dónde cabe la reflexión? "Si son distintos, son malos", es la conclusión de los buenos. Por si fuera poco, y pese a las menciones de antiguas cámaras de gas del holocausto, los humanos acaban con los visitantes con un polvo tóxico letal. De nuevo un aplauso al doble filo del guión. Para mear y no echar gota.

AVISO PARA NAVEGANTES

  1. Este blog no se creó con la excusa de recibir libros gratis de editoriales, una práctica muy habitual en los últimos tiempos.
  2. Este blog tampoco entrega ni recibe premios interblogueros, una forma un tanto tonta de hacerse publicidad los unos a los otros sin intervenir la palabra «mérito». Algunos me dan premios sólo para que haga publicidad a sus blogs.

1.000 contra 36

No querría estar en la piel de ninguno de los treinta y seis tripulantes del Alakrana, el pesquero español por el que el gobierno ha pagado una trillonaria liberación. Volverán a casa el viernes sin creerse su suerte.

Pero treinta y seis tripulantes me suena a nada cuando los comparo con los otros miles que salen a los mares. Esos miles que hoy son más vulnerables que ayer, por pertenecer a un país que negocia con secuestradores, que paga bien, que pone la justicia fácil para quien se la salta. La hermana de Miguel Ángel Blanco supo bien que en el rescate de su hermano estaba la sentencia de muerte de todos los demás. No olvidemos eso. Una liberación pagada envalentona para que haya otras diez que terminarán muy mal. Ojalá las treinta y seis mujeres de estos hombres lo hubiesen entendido. Las no treinta, sino miles, de mujeres de los otros marineros se lo hubiesen agradecido bien.

Dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestros blogs

Entre muchas frases, asocia a mi padre esa de "Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras". Al tiempo descubrí que él mismo adjudicaba esa cita al cura de una aldea llamada La Portera, y luego acabé comprobando que ni él era el legítimo creador, que la frase la conocen hasta en San Quintín. En cualquier caso, tendré que pensar en mi padre cada vez que la escuche, como el "No me enteraré". Clásicos en su léxico.

Lo de esclavos de nuestras palabras es una verdad como un templo y nadie como los blogueros nos hemos puesto una cruz sobre la cabeza. Hemos hablado mucho de casi todo, dejando todo por escrito y al alcance de quien quiera, de modo que siempre estaremos en desventaja dentro de una conversación, porque a poco que la otra persona nos haya leído, irá un paso por delante. Nos podrán reprochar barbaridades de entradas antiguas o, lo que es peor, extraerán lo que les interese quedando nuestras palabras fuera de todo contexto. Nuestras opiniones del judaísmo, mujeres o los principales políticos, sacadas de todo contexto, a merced de nuestros enemigos.
No le deseo a ningún blogger un cargo público. Le harán frito en menos que canta un gallo. Qué digo. En menos de un copia y pega.

Violín split

No sabía si publicar esto o mejor guardármelo para la intimidad, como Aznar y el catalán, pero al final me he decidido ponerlo. Porque ocultarlo sería negar un orgullo evidente y hoy, cuando lo he tenido en mis manos, no cabía en mí de la alegría. Se trata del primer libro en el que he trabajado desde el otro lado de la barrera, desde las bambalinas. Se titula El violín negro.Da igual que yo no lo haya escrito: no necesitas ser el autor para ser parte de algo, y he tenido la suerte de ser uno de los implicados en el lanzamiento de esta novela de Sandra Andrés Belenguer. Desde la lectura del manuscrito, opinando después sobre tramas, conociendo la elección del papel, rogando a los dioses que nos enviasen una portada estupenda y confiando que no hubiese fallos de impresión. Un Cristo de trabajo en el que me he subido a la barca y he podido observar con atención cómo se maneja toda la tripulación, aprender aprender y aprender, disfrutar disfrutar y disfrutar.

Con semejante descripción, no es de extrañar que hoy, al llegar el libro, haya caído como un ave rapaz sobre él. Pasar sus páginas, maravillarme con su portada. Pensar qué opinarán de él. Confiar que el libro guste a todos, que ojalá sea un éxito, que haya alguien que lo guarde como su libro favorito.
Luego, para gafar el día, un plátano se me ha reventado en la mochila y el libro ha llegado embadurnado de pasta a casa. La borde inferior de las páginas nunca perderé ese color ni aroma frutal, pero oye, nadie podrá negarle que ha empezado fuerte. Espero que sus experiencias a partir de hoy sean igual de intensas. También un poco menos guarras, un poco más vuestras.

Canciones

I don't love anyone de Belle and Sebastian.



Revolución de Amaral.

La caída del muro de Berlín

Iba a decir lo simbólico de la caída del muro de Berlín, pero yo no la viví y lo máximo que podría decir es lo viejuno que me siento por ya tener dos años entonces.

Así que por una vez tiro la bola y os pregunto a los que la vivisteis.

Fin de la semana sin electricidad

Antes que Cronista fui Detective, y D dejó todas las pistas para que descubriésemos su farsa sin luz. Esperaba a que nos fuésemos de casa para subir los plomos y vivir al más puro estilo XXI, mientras que B y yo nos teníamos que conformar con tímidas velas al regresar a la noche.

D rompió la apuesta el martes, pero se cuidó mucho de no decirlo; tenía que invitarnos a una cena fuera de casa y limpiar la cocina durante una semana, así que prefirió seguir viviendo la doble vida en las horas en las que no estábamos. Pero el panel de los plomos abiertos me dio la primera pista. Ya sospeché cuando puse un post-it de "D, ni se te ocurra". Él lo leería -e ignoraría- tres veces antes de la pillada final.
Mientras B se esforzaba en seguir creyendo a D (que fingía estar muy desesperado por no tener luz, mientras que aprovechaba las mañanas para aprovecharla) yo sospechaba cada vez más. La segunda vez que me encontré con el panel abierto fue demasiado. Pero incluso eso me hizo dudar. "Nadie puede ser tan torpe de dejar dos veces una pista tan obvia". D puede hacer eso y mucho más.
Ayer volvimos B y yo a la noche y el pestillo estaba echado. D fue a abrirnos, y con el oído fino, pude oír un ligero 'clic' que indicaba la bajada de los plomos. Abrió con cara de inocente, pero corrimos a su habitación. Un radiador eléctrico todavía caliente le delató de una vez por todas. Y ahí fue cuando terminó la semana sin electricidad, a la par que B y yo ganamos una cena por la cara, nos libramos de la cocina por siete días y no pagaremos de entrada una semana de la luz de Noviembre. Una cosa es rendirse en una apuesta y otra muy distinta es fingir durante tres días que se sigue con ella, cuando en realidad se olvidó al segundo día. El culpable admite todos los cargos, mientras que el señor Cronista se cuelga la primera medalla de detective del hogar. El próximo caso: la misteriosa desaparición del loro del segundo. Claro que primero habrá que secuestrarlo, pero ya habrá tiempo para eso y mucho más.

Si me preguntan, han sido cinco días sin electricidad que nos han servido para ponernos en la piel de otros. Usar velas, olvidarnos de pulsar los interruptores, calentarnos la leche en cazo, calentarnos el agua en un cazo a un mayor para ducharnos, y ducharnos estrujando una esponja sobre nuestras cabezas, y vestirnos a oscuras, y salir de casa sin poder mirarnos en el espejo siquiera, preguntándonos si llevaremos algo cómico que provoque las risas al salir a la civilización. Lo peor, la comida que perdimos. O aún peor: la que nos comimos a pesar del mal estado, como los huevos caducados y tres días fuera de la nevera, que si no me mataron fue porque ya llevaba un estómago a prueba de bombas de las comidas anteriores. Se puede sobrevivir a una semana sin luz. Lo de la ducha, de hecho, es una experiencia que recomiendo. Lo otro, lo podéis imaginar.

Todo lo que diré

Es que no puedo decir nada.

Bloguero "profesional"

Meses después se pueden contar estas cosas. Una vez fui bloguero profesional, redactor en pos de promociones. Y no firmé con ningún nombre conocido, lo que fue doblemente divertido.

Con el lanzamiento de Alas negras, el novelón de Laura Gallego, creé por encargo el blog Leyendo Alas negras. Las pautas eran simples: un lector que vive la ansiedad previa al lanzamiento, y el éxtasis posterior. Podría haber escrito con mi nombre (mi nick, se entiende) pero lo cierto es que ya había leído el libro con anterioridad, cuando todavía no era el texto definitivo (no estoy contando nada que no deba. El "Pablo" que aparece en los agradecimientos es todo un honor para mí) y mis reacciones no iban a ser las mismas. De modo que creé un personaje, Brel, con su aspecto y psicología. También le creé una situación familiar y social, además de un puñado de anécdotas, y el resultado fue un blog que disfruté de principio a fin y del que todavía hoy me siento orgulloso. Incluso dibujaba viñetas para cada entrada, y me dio lástima cuando llegó a su fin. Como todo trabajo, tenía su fecha de conclusión. Eché tan en falta a Brel que no paré hasta que le encontré una historia para el solito. Ya la escribiré algún día. Dediqué meses a planificarla, aunque listo de mí, me dejé todos los papeles en Valencia.
Por si alguien quiere cotillear, y ojalá pasar un buen rato, está a tiempo de leer Leyendo Alas negras (aconsejo leer de la entrada más antigua a la más actual, porque hay sub-historias). Y también Alas negras, el libro propiamente dicho, of course.

Una semana sin electricidad

En escasos minutos bajaremos los plomos de la casa. Durante los próximos días y siete noches, nuestro piso vivirá sin electricidad, como en los antiguos tiempos, alumbrados únicamente por las luces de las velas y al calor del sistema de gas. Las duchas, cuando no frías, a base de cazos de cocina. Y no es por ningún impago de factura: es que nos gustan los experimentos, probarnos a nosotros mismos, y oye, ¿acaso no tenemos esa edad en la que nos podemos permitir hacer todas esas gilipolleces interesantes que no hacen daño a nadie, y que nos sirven para ponernos en el lugar de los que no se quedan sin luz por gusto, sino por no tener?

No sé cómo van a ser los próximos días. La semana vegetariana fue horrible, no sé cómo será esta. Al menos, sí podré utilizar electricidad fuera de las puertas de casa, mientras que la abstención de carne y pescado me acompañaba allá a donde iba. Pero ni por esas creo que esta semana sea mejor, sobre todo cuando el frío aprieta (y gracias a Dios que no aprieta pero bien). Hay mil comodidades que vamos a empezar a valorar a partir de no tenerlas. Y sin embargo, sé que podremos sobrevivir. Aprendí mucho como vegetariano, y hay cosas que hoy no haría de no ser por aquel experimento. Espero sacar tanto en claro con la semana sin luz.

Así fue Halloween

La única foto que tengo de ayer la he mangado de El Cazador de Libros. Yo iba de Max, de Donde viven los monstruos. Ni qué decir que fue el mejor disfraz, o eso me dijeron los angelitos de la vecina de Valencia.