Header

Google+ Badge

Relato: La ilusión

A falta de algo interesante que contar, pego este relato sin corregir que escribí en 2006 y que hoy he encontrado por casualidad entre mis ficheros. Me ha divertido leerlo. He puesto a caldo a mi Yo de entonces.


LA ILUSIÓN

La brisa de aquella noche estaba en perfecta armonía con la luna llena, para hacer del balcón de los Siabinny un lugar mágico y romántico. En el interior de la casa celebraban un importante baile, pero Sarah, quien tenía la cabeza para todos menos para celebraciones, salió a refrescarse. Enseguida agradeció su decisión.

- Si me permite que lo diga, nunca antes había visto una dama de semejante belleza –dijo un hombre a su lado. Sarah se giró y descubrió al señor Mirager entre las sombras. Era un hombre corpulento, peludo y ceñudo, que sin explicarse cómo, ella encontraba hermoso-. Será un placer para mí disfrutar de su compañía en este rincón abandonado. Tengo entendido que es usted una gran lectora. Es extraño encontrar a jovencitas de su clase social que se interesen en algo más que folletines.

Sarah se ruborizó y alisó su vestido para disimular su emoción. Inconscientemente marcaba más su figura, y el caballero sonreía divertido.

- En realidad, es mi tía quien me ha inculcado el placer por la lectura. Yo solo leo sus recomendaciones, que casi siempre son buenas. Todo el mérito es de mi mentora literaria.

- ¿Casi siempre? Adivino que ha habido excepciones –dijese lo que dijese, el señor Mirager resultaba encantador. Y a sus ojos, terriblemente atractivo. Tenía que medir sus palabras, o acabaría diciendo una tontería.

- Al contrario de mi tía, considero que Jane Austen es una romántica aburrida –reconoció con una risita nerviosa-. Pero salvo por Orgullo y Prejuicio, no hemos discrepado en nada. ¿Y usted, señor Mirager? Ya conozco sus viñedos, pero poco o nada de lo que hace en su tiempo libre. Se escuchan rumores muy curiosos acerca de sus aficiones…

Sarah se mordió la lengua. No debería haber dicho eso. El señor Mirager podría pensar que ella era una chismosa.

- Me divierten las habladurías –le dijo con sinceridad-. Me pregunto si por una vez estarán en lo cierto. ¿Puede sacarme de dudas?

- Lo que dicen… cuentan las viejas en las meriendas… que usted es ilusionista.

Aquello hizo que el señor Mirager pronunciase una sonora carcajada. Sarah no esperaba semejante reacción de alguien con tanto prestigio como aquel caballero. Le tranquilizó saber que no le había ofendido.

- Me divierte saber que por una vez, el rumor es cierto. Sí, señorita, mi afición favorita es el ilusionismo.

Sarah no supo que decir. Se había quedado boquiabierta, observándole. A cada segundo que pasaba, se sentía más atraída por él. Aquel misterio que le rodeaba, lejos de espantarla, le seducía.

- No me mienta, señor. Soy una inocente, pero no consiento que me engañen.

- Oh, por favor, le aseguro que no le mentiría por nada del mundo. Le digo la verdad, yo soy ilusionista. Desde los trece años, para ser exactos. Es un arte tan antiguo como difícil, y ni una vida es suficiente para conocerlo a la perfección. Pero creo que puedo defenderme. Soy muy constante.

Mister Mirager decía la verdad, de eso estaba segura. Pero tenía que pedirle pruebas: no para confirmar que lo que decía era cierto; lo que necesitaba era una excusa para pasar más tiempo con él antes de volver con el resto de invitados a la fiesta.

- Demuéstremelo, por favor. Me encantaría verlo.

Asombrada de su propio atrevimiento, Sarah pensó que el señor Mirager daría media vuelta y volvería con el gentío, pero lejos de dejarla sola, le hizo una pregunta que la dejo todavía más sorprendida:

- ¿Cuál es su flor favorita?

Sarah estaba desarmada. Respondió en el acto.

- El lirio.

Como un pintor que mueve el pincel en el aire, el señor Mirager dibujó entre él y ella un precioso ramo de lirios violetas. Sus dedos eran brochas y su magia la pintura. Antes de que Sarah pudiese darse cuenta, el ilusionista le ofrecía su creación con una pequeña reverencia.

- Son preciosas, tan bonitas como las verdaderas –dijo emocionada al cogerlas-. ¡Miento! Me parecen todavía más bonitas que las verdaderas. No sólo es usted un ilusionista, señor Mirager, es usted un artista.

El mago le dedicó una blanca sonrisa. Sarah tuvo el atrevimiento de besarle en la mejilla. Lo cierto es que era la primera vez en su vida que besaba a un hombre que no fuese su padre, por lo que al despegar sus labios de la piel del señor Mirager tenía el rostro encendido.

- Tenía que agradecerle su regalo, señor. Las pondré en un jarrón nada más llegar a casa. ¿O estas flores no necesitan agua?

- Ni una gota. Pero solo puede saber usted que no son reales, o se desvanecerán al instante.

Quizá había llegado el momento de volver a la fiesta, pero ninguno de los dos tenía ganas. Se sentían muy felices juntos, y no imaginaban lugar más mágico para conocerse que aquella terraza bañada con la luz de la luna.

- Me pregunto para qué utilizará usted sus dones, señor Mirager. ¿Puede una jovencita como yo confiar en usted? –preguntó con picardía.

- Nunca utilizaría el ilusionismo para hacer daño a nadie. Y mucho menos para herir a una jovencita como usted. Empleo mis poderes para ridiculeces. ¿Ve el sombrero que llevo puesto?

Sarah miró la cabeza de mister Mirager. Su sombrero era muy bonito, posiblemente importado de Oviedo o Bummeniè, muy oportuno para la fiesta de aquella noche.

- ¿Cómo no iba a ver su sombrero? Tiene usted muy buen gusto eligiendo.

- A este me refería: utilizo mi magia para crear modestas ilusiones, como este sombrero que he traído esta noche. Sí, Sarah: sólo existe en su imaginación.

De repente, el sombrero desapareció. La joven ahogó una exclamación de sorpresa.

- ¿Qué es lo que ha pasado?

- Lo mismo que con sus flores y todas las demás ilusiones: basta con que uno no crea en ellas, para que se desvanezcan. Tendré que tener cuidado con qué más le cuento, o podré acabar la velada en ropa interior.

Los dos rieron, sin poder dejar de mirarse. Cuando por fin exhalaron la última risotada, acercaron lentamente sus labios. El corazón de Sarah estaba a punto de desbocarse. Sintió el cálido tacto del señor Mirager, y su mano deslizándose por su cadera… y de repente, la chica desapareció.

- ¿Quién iba a querer a un mago de ocho cuartos como tú, Silban? –preguntó una voz chillona a su lado. El señor Mirager se giró y encontró a su propia madre, la señora Mirager, una sesentona de metro y medio de estatura y dedos cubiertos de anillos-. Lo que necesitas es una mujer de verdad, no una ilusión de las tuyas. ¡Qué desesperado debes estar, hijo mío!

- Pero Madre…

- Espero que nadie te haya visto. ¿Tú con una jovencita? Dios mío, si podrías ser su padre. Todos saben que eres incapaz de conquistar a una vaca: conjurar estas ilusiones sólo te dejan en evidencia, a ti y a tu familia.

- Madre, yo solo quería…

- No hay nada que decir: tienes prohibido practicar el ilusionismo en tres semanas, o te verás en serios problemas, jovencito.

El hijo agachó la cabeza, avergonzado. Y al instante, se convirtió el polvo.

- ¡Alicia! –gritó el anciano Mirager-. ¿Estabas otra vez con eso? –venía del interior de la casa, pero iba lento a causa de su cojera.

- ¿Yo? No sé a qué te refieres, querido… -disimuló.

- Lo sabes perfectamente, Alicia. Otra vez lo estabas haciendo. Te he visto: has creado una imagen de nuestro difunto hijo.

- ¡No es verdad, Ruperto!

- Por supuesto que sí –insistió el señor Mirager, y se agachó al suelo para coger unas motas del polvo mágico que había dejado la ilusión al desvanecerse-. ¿Qué se supone que es esto?

Su esposa no encontraba palabras. Por su expresión, parecía absolutamente abochornada.

- Te lo ha dicho el doctor, te ha insistido tu hermana pero te lo vuelvo a repetir yo: Si sigues creando ilusiones de nuestro hijo muerto, acabarás por volverte loca. Ya sé que querrías haberlo visto crecer, convertirse en mi sucesor y hasta encontrar una esposa. Pero Alicia, por el amor de Dios: deja las ilusiones. Nunca recuperarán a los muertos.

Y diciendo esto, él también desapareció.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Como extrañaba algun relato... luego lo comento porq ando q corro...
ConfidentLinarla

Energeia dijo...

Muy curioso.
E inesperado, porque ni de lejos me imaginaba el final.
Está narrado de forma sencilla, pero tiene las palabras adecuadas.
Me ha gustado mucho.

Enrique dijo...

Que relato mas curioso. Me ha sorprendido el final.

Ithilien dijo...

Me ha encantado la verdad!

Desde el segundo párrafo me ha atraído la historia.

Y me ha gustado mucho el hecho de que la pobre mujer viviese a base de ilusiones.

Creo que en pocas líneas has conseguido puntos de romanticismo y seducción y toques de tristeza y soledad.

Alexia dijo...

Tsk, Orgullo y Prejuicio es lo mejor de Austen. Yo también discutiría con Sarah sobre eso xD

ana ryder dijo...

Tu yo de entonces sabía lo que se hacía.

S h e i ● dijo...

Es muy bueno, me clave mucho y el final estuvo de sorpresa. Creo que tiene mucho mensaje.

Anónimo dijo...

Lo había leido ya antes y no se donde...