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Mis primerísimas lecturas (iii)

He hablado de Busi, la Bruja Aburrida y hasta los Leo Leo, pero he olvidado mencionar una lectura clave en mi infancia, piedra angular de mi pedante civismo. Me refiero a Buenas maneras. 201 normas de urbanidad, editado por Susaeta en 1986. A juzgar por lo que veo en la red, lo han reeditado con nueva cubierta (la que muestro aquí, que no tengo ánimo para escanear la mía).

Recuerdo la influencia que este libro ejerció sobre mí, obligándome a ser el niño más educado del barrio para que, Dios sabrá cómo, me convirtiese en el más crápula de la escuela. O no tanto. Pero casi sí. Suerte que los años me han dejado en un punto intermedio.
Lo que sí tengo claro es que este libro es el culpable de muchas de mis manías desde más pequeño: no poder sentarme a comer sin lavarme antes las manos (a menos que quiera coger un buen sitio, o sea, contra la pared, en cuyo caso soy capaz de enviar la higiene a tomar viento; eso y si corro el riesgo de sentarme en el lado de la mesa en el que no me atrae la conversación), no soporto que la gente me hable con gafas de sol (será que yo nunca he tenido unas) o el horrible vicio de mascar chicle, que me hace perder el respeto por quien tengo delante.
Este libro, que está dedicado a los más pequeños, bien podría ser releído por los adultos. Así me ahorraría ver cómo la gente mira hacia otro lado para no ceder su asiento a un mayor, adultos cuarentones con sueldos astronómicos que ven divertido robar la taza de Starbucks o la falta de decoro en el vocabulario cuando se tiene un niño delante. Yo también tengo que aplicarme un buen puñado de artículos, seguro.

Os dejo con un poemaconsejo:
Está muy feo colarse.
Para ser el primero en la fila,
recoge en seguida tus cosas,
date prisa y espabila.

7 comentarios:

tioserio dijo...

¡Oh, me encanta esta serie de entradas! Al reves que los "Leo, Leo" sí que tengo en posesión un ejemplar de este libro. De hecho, lo estoy mirando ahora mismo, según escribo este comentario (el cómo puedo escribir a la vez que miro a algo que se encuentra casi en el otro lado de mi habitación es algo de lo que se debería discutir en otro momento). Recuerdo que era un libro que, cuando era ñajo, me encantaba leer y re-leer. Hace eones que no lo abro. Lo mismo hoy es un buen día para cogerlo y rememorar viejos tiempos...

Helena dijo...

Yo no puedo salir sin gafas, se me queman las retinas xD Y me hubiera venido bien ese libro (?)

Bru dijo...

Yo quiero ese libro para mis futuros hijos/sobrinos/niños que pueda haber en mi vida.

Tomo nota. Un saludo!

Rudolph dijo...

Todavía creo que tengo edad, a ver si me lo consigo. Gracias :)

Javier Ruescas dijo...

Uy, y no tan cuarentones. Yo conozco algún veinteañero al que no le importaría tener una tacita del Starbucks por la cara... xDDD!!!

Un abrazo :P!

Rocy dijo...

Ya lo creo que muchos adultos deberían leer este libro.

Francisca dijo...

Sí, toda la razón ¡Que ridiculez que la gente te hablé con gafas!, para eso mejor no hablarles y ya. Personalmente me ocurre que siento que hablo con una mosca, y con el asco que me dan (Guácala)
El chicle, Eso depende como lo masquen, hay personas que lo hacen de una manera tan Guayaca otras con más delicadeza y no pareciera que estén con el chicle en su boca.
Lo del higiene es comprensible, en mi caso creo que es enfermizo, el hecho de sentir la suciedad me llega a dar escalofríos, por ejemplo en el metro el hecho de intentar no tocar el fierro para afirmarse, lo que me ha obligado a convertirme en una experta en equilibrio, es enserio como le digo a los demás, saldré con un Máster y con honores.
Ahora es sorprende como uno escucha a los adultos pronunciar con tanta liviandad “Palabrotas” y con esto no sólo me refiero a los garabatos si no que también a frases sucias, así lo único que se logra es una reproducción de la “vulgaridad” En fin no me extenderé más, para así no provocar los “anticuerpos” de algunas personas.

Gracias por el ‘poemaconsejo’. Sobre el libro le echaré una miradita haber cuán regulador es.

¡Buena Noche!