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El diario Bauríntimo

Que mis amigos no sean unos lectores empedernidos no significa que no sean unos frikis de cojones. Todos desarrollamos nuestros lados chungos, y si no que se lo digan a mi grupo de secundaria, cuyo caso raya lo enfermizo. Os ubico:
Unos amigos sienten una pasión desbordante por un profesor de su carrera al que, por cuestiones de seguridad, llamaremos José Ángel Baurí. En primero de carrera apuntaban todas sus frases míticas e imitaban sus movimientos (incluso en la discoteca Pachá lo hacían, razón por la cuál tuve que huir de Valencia y pedir asilo político en Madrid. Vale, admito que no volver a Pachá no fue nada dramático), y lo trataban como una especie de dios. La cosa fue a peor en segundo de carrera, cuando crearon hasta una wikipedia (con su dominio y todo) que recogía todo el material relacionado con el profesor: su infancia, sus momentazos, las películas inspiradas en él, sus supuestos amantes y hasta un sinfín de artículos de copyleft que no sé si os harían gracia u os pondrían los pelos de punta. Creo que la cosa está medio medio.
Su wikipedia incluía una sección de relatos, y ahí que entré yo a participar con mi versión de la historia, un diario secreto escrito por el mismo profesor Baurí, llamado "El diario Bauríntimo", y narraba la juventud de este famoso ingeniero de caminos, haciendo especial incapié en la relación con su padre y el romance con la tal Maribel (a la que dedicó un libro y mis amigos se estrujaron los sesos por averiguar su identidad: ¿madre, amiga, amante?). Juro que me obligaron a escribirlo. Me dijeron que la democracia de grupo se había terminado si no escribía el diario hasta el final, así que allí que fui. Aquí la primera entrada:


31 de Marzo de 1970

Querido diario:
Villareal ha amanecido triste. Hoy siento que mi vida es una miseria y es todo culpa de papá, que no acepta mi decisión irrevocable. ¡Tendrías que haberle visto en la cena! Estábamos papá, mamá, Carmela, Antonio y Daniel Alberto alrededor de la mesa, esperando a que Carmela bendijese los alimentos. Entonces mamá, que es buena pero muy tonta, dijo:
— Angelín —así me llama siempre—: ¿sabes ya qué vas a estudiar?
Y ahí me ha entrado el pánico. Sabía que esa pregunta llegaría tarde o temprano. Tengo dieciocho años, era de esperar. Antonio no quiso estudiar y le obligaron, así que yo no iba a ser menos. Carmela está de novia y las novias no estudian, eso lo sabe todo el mundo.
— José Ángel, tu madre te ha hecho una pregunta.
Ahora es mi padre el que se dirige a mí. Lo paso mal. Trago saliva. ¿Por qué coño Carmela no se pone a bendecir y terminamos con esto?
— Sí, ya lo he oído... —me atrevo a responder.
Me quedo callado, naturalmente. Vaya situación, ¡esto es una auténtica castaña!
— Si has oído la pregunta, responde.
Mi padre se muestra especialmente inflexible en las cenas. Ya podrían haber sacado el temita en el desayuno, ya... pero a la buena (pero tonta) de mi madre se le ocurre decirlo en la cena.
— Pues... había pensado...
— ¿Sí? —preguntan todos impacientes.
— ... se me había ocurrido estudiar... habíapensadoestudiarcaminosybuenoyalohedicho...
Mi respuesta es inteligible. El hecho no pasa inadvertido en mi familia.
— ¿Se puede saber qué has dicho?
Mi padre se está enfadando. No, espera. Ya se ha enfadado. Creo que no le hace preguntar: sospecha qué es lo que me propongo.
— He dicho que quiero estudiar... ingeniería de caminos.
Silencio sepulcral en el comedor.
— Carmela, Antonio: llevaos a Daniel Alberto a su habitación.
Mi madre está aterrada. No quiere que nadie presencie esa escena. Mis tres hermanos salen a toda prisa de la habitación.
— Caminos —repite mi padre, como si la simple palabra le produjese urticaria—. Ca-mi-nos.
Asiento acobardado. No me atrevo a mirarle a los ojos. Oígo como se levanta enfurecido y la silla golpea contra el suelo. Mi padre se encoge en un rincón y le oigo llorar. Este momento iba a llegar tarde o temprano, siempre lo he sabido. Nada me sorprende, pero estoy aterrado.
— ¡MI HIJO, INGENIERO DE CAMINOS! —brama mi padre, y en esas se le hincha la vena del cuello—. ¡EN MI PROPIA CASA!
— Cariño, no creo que tengas que...
Mi padre mira a mi madre y levanta el dedo amenazante. Ella calla en el acto
— Papá... no será tan grave...
— ¡MALDITA DESCENDENCIA! ¡CRÍA CUERVOS Y TE SACARÁN LOS OJOS! —nunca le he visto tan enfadado—. Mi hijo, ingeniero de caminos. ¡Qué vergüenza! A mí, un prestigioso arquitecto. Dios será Dios, pero no Arquitecto. ¡MALDITA SEA!
Hoy no voy a poder dormir. Mi padre se ha ido gritando a su habitación y no le he vuelto a ver desde entonces. Pero ya está bien, lo he dicho. No tendré que vivir con más mentiras. Mis padres ya conocen mi sueño: quiero ser Ingeniero de Caminos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

oh dios mío XD
he empezado a leer el relato sin leer la introducción, pensando que serían dos entradas diferentes, y creía que era una ironía de lo mal que les parece a algunos padres que sus hijos estudien alguna carrera, y creía que al final lo escribirías jajaja

Fiora dijo...

No hay palabras: xD

laura dijo...

Me ha gustado la historia...
pero me parece un poco obsesivo todo el jaleo montado alrededor del profesor... jeje
si eso sirve para que escribas algo así; bienvenido sea.
Por cierto, ¿tiene él idea de todo esto?xD

Tinger dijo...

GE-NIAL xD
Pobre pibe... v.v En serio, qué genial estuvo eso xD

Con "eso" me refiero al relato, que la situación sería horrible, sí.

¡Saludos!

Sibila dijo...

ummm, un proyecto colborativo freak y entorno a la figura de un profesional de la enseñanza... interesante, muy interesante.

Espero que José Ángel Baurí algún día se entere de lo que han generado tus amigos, a mí me haría ilusión.