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La altura de las circunstancias

La gente en general no tiene ni la más remota idea de lo que es la amistad. O no la ejerce con la mitad de los que dice son sus amigos, lo que no es sino una perversión de una de las palabras más valiosas que me atrevo a pronunciar. Por supuesto que esta última afirmación puede provocar risa, pero de ser así, tengo claro dónde te sitúas tú y dónde me sitúo yo. Hay asuntos que para mí son vitales.
Creemos que alguien nos falla cuando no merece nuestra confianza. Nos podemos sentir ultrajados, traicionados o simplemente decepcionados, podemos recuperarnos del disgusto y volver a empezar o tachar con una cruz a esa personita para siempre. Qué cosas tiene la amistad que exige atención constante.
En mi experiencia personal, los amigos fallan muy poco. A ver, no es que yo sea un afortunado: más bien no considero a alguien mi amigo hasta que pasa un tiempo prudencial y se ha ganado el título desde la primera letra a la última. Cuando considero a alguien mi amigo, ni se me ocurre dudar de nuestra amistad, ni de que me será leal, ni de que puedo confiar en él (o ella) ciegamente; poco amigo es aquel por quien no ponga la mano en el fuego. Por eso mis amigos no me fallan: porque mi lista de amistades, auténticos amigos, se reduce a una quinta parte de la de los demás. Excluyo a los que suelen fallar al resto antes de que me fallen a mí, y los tengo en el lado de amigos de amigos, sin mal rollo ni rencor. Puedo llevarme estupendamente bien con los amigos de amigos.
Pero que confiemos plenamente en nuestros amigos, y que ellos sean auténticos merecedores de esa fe, llamémosla racional, no significa que no existan otras maneras de fallarnos los unos a los otros. El nivel está muy bajo en quien dice tener cincuenta amigos -o treinta, qué digo- pero a medida que estrechamos el círculo y hablamos con propiedad, vamos poniendo nombre a cada cosa y circunstancia. La altura de las circunstancias. Ya he llegado al meollo de la cuestión.
No hace falta traicionar para fallar a una persona: basta con no estar a la altura de las circunstancias, y eso puede ser desde el que calla en un momento en que hay que decir esta boca es mía, hasta el que no sabe estar en su lugar. La altura de las circunstancias debe de estar muy pasada de moda, porque casi nadie sabe de qué va. No es como la amistad, de la que todavía tienen un concepto, aunque viciado. La altura de las circunstancias ni siquiera entra en los diccionarios de hoy, como si sólo perteneciese a un capítulo apócrifo de las novelas de Jane Austen, algo terriblemente victoriano y conservador, situado entre el honor de la flor y el orgullo de los nobles. Nos hemos tenido que volver locos para olvidar qué es.
Cada uno tendrá su opinión al respecto, y ninguna vale más que los demás. Para mí, estar a la altura de las circunstancias viene a ser estar ahí cuando te necesitan, y no sólo me refiero a cuando hay un accidente o la casa se ha inundado, por Dios. Estar a la altura de las circunstancias significa aceptar como importante lo que preocupa a tus amigos, aunque para ti aparentemente no lo sea. De hecho, puede parecerte una auténtica gilipollez, pero si un amigo cree necesario contarte algo, no puedes bostezar hasta el punto de la extremaunción. Si un amigo (o amiga) quiere que estés con él (o ella) en un momento dado, no puedes marcharte a jugar a la Play 3. Si un amigo te necesita, aunque sea para la estupidez más suprema y tú lo sepas, pero si un amigo te necesita en lo que él considera necesidad, estar a la altura de las circunstancias es hacer de su necesidad la tuya, y estar con él porque eso es una amistad. Algo recíproco y sacrificado. Sin masoquismos ni abusos, pero bilateral.
Quien no haya probado la amistad es digno de mucha lástima. Supongo que me queda mucho por escribir, pero será más lo que todavía falta por aprender.

8 comentarios:

Fiora dijo...

Es como si leyeras mi mente. Llevo unos días dándole vueltas a varias cosas que acabas de tocar en la entrada. Qué razón tienes cuando dices que la amistad exige atención constante.

Para mí la amistad es también muy importante y es uno de los temas que más me preocupa últimamente por los últimos cambios de mi vida. Aunque, más que cambiarla, ahora que he vuelto a España, parece que estuviera reciclándola, de hecho. También parece que mis amigas están en medio y que, de pronto, no están a la altura de las circunstancias, al menos, según tu propia definición. Y me preocupa. Es más, me tiene medio deprimida, medio enrabietada y no sé por dónde tirar.

En cambio, con otra gran amiga mía, me sucede lo contrario. Dando paseos por la playa, hablando de todo un poco, llegamos a la conclusión y trato formal y de palabra de que este año tenemos que cuidarnos incluso más que el anterior. El contraste es tan abismal que es también descorazonador. Es como si a veces no bastara con querer a la otra persona.

Pero la duda es, si verdaderamente yo quiero a estas amigas mías que, tal vez despistadas, me desatienden... si sería justo no hablarlo con ellas, llamar su atención sobre esto.

Quizás los amigos, incluso los grandes amigos, a los que has escogido con gran cuidado -porque a mis amigas no las he elegido al azar -pueden fallarte alguna vez por eso de que somos humanos y una panda de despistados. Pero sí yo soy de verdad su amiga, tendría que reunir el valor suficiente como para mirar las cosas de frente y reclamarlas. Luego ellas pueden elegir sí les interesa de verdad mi amistad. Porque desde luego, yo no obligo a nadie a ser amigo mío, pero sí exijo, como tú, una amistad a la altura de las circunstancias.

Bueno, gracias por la entrada. Me ha hecho pensar :) (y perdona por el rollo).

Mariel dijo...

Me saco el sombrero... muy pocas veces oi a alguien hablar de la amistad de esa forma.

Pazcual dijo...

Guardando ciertas proporciones, compartimos las mismas opiniones, razón por la cual creo que se me es tan dificil compartir una relación de amistad con cualquier persona. Es muy dificil encontrar a alguien que entienda el concept como lo podemos entender tú y yo.

Saludos.

JuLioUM dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JuLioUM dijo...

Querer hablar exactamente de lo que es la amistad es complicado, casi imposible. Desde Platón, con el diálogo Lisis, no se ha podido definir (y ojalá que nunca lo hagamos) pues eso es lo que en cierta manera la hace especial. Pero de lo que sí se puede hablar es de las actitudes necesarias para conservarla. Es cierto, existe la traición pero un perdón lo arregla todo (no lo deja como antes pero lo arregla). Pero no estar allí cuando debes estar allí es un asunto más serio. Si hablamos de números, auténticos amigos hay pocos. Pero por maravillosa, auténtica, profunda, única, especial y suprema que sea una amistad, si le quitas la atención puedes estar comentiendo el peor error de tu vida, creyendo que la generosa eternidad la mantendrá intacta. Lo digo porque me ha pasado. Cuando dejé mi ciudad para estudiar en la universidad, dejé a mis amigos. Están aquellos con los que la amistad se descuidó, por parte de ambos, pero también están los otros con quienes a pesar del tiempo y la distancia, hoy las cosas andan mejor que nunca. En todo caso, la culpa de que haya mejorado o desfallecido, fue de ambos. Aún así, verlos me causa felicidad, juntarnos al menos una vez al año es memorable. Te sientes tan bien. De verdad que aquel que carezca de amistad es digno de lástima. Te llenan. Siempre he pensado que cuando un amigo llega a ser tu amigo, le entregas un pedacito de tu alma para que te la cuide (sí, es super cursi, pero aguantenme) depende de cómo el cuide ese fragmento, la amistad cobra valor. Casi como un horrocrux, pero benévolo. Imagínate si la hecha a perder. Igualmente tu tienes pedazos de alma de tus amigos que debes cuidar, por eso en cierto modo la amistad es un trabajo constante, y ambos lados deben estar "a la altura de las circunstancias"
A pesar de ser la amistad algo indefinible, tu critero es uno de los mejores que he escuchado.
¡¡¡Saludos desde Guatemala!!!

Jota dijo...

Cuánto daño han hecho las redes sociales al concepto de amistad.

Anónimo dijo...

Con tu definición de amistad no tengo ningun amigo(a), y no es algo que recién lo note. Llevo formando mi concepto de amistad desde hace mucho tiempo, xq quería una explicación de xq no tengo amigos "reales". Y creo q es xq la mayoría se preocupa por aparentar lo que es aceptado por todos. La verdadera amistad se da cuando tienes la libertad para ser tu mismo y la otra persona también, en otras palabras, cuando tu eres tú y él es él.
Y con lo de la amistad a la altura de las circunstancias, que es como dijiste, hacer lo importante de mi amigo algo mío, creo que se va construyendo cuando lo vas conociendo y sin darte cuenta sus cosas se vuelven tbm tus cosas.

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Me apena decir q no tengo amigas, pero me alegra saber q tengo 14 años. Tengo muchísimo tiempo para tener verdaderos amigos.

ml95 xD

Vivianne dijo...

"Algo recíproco y sacrificado. Sin masoquismos ni abusos, pero bilateral" total y absolutamente de acuerdo y no sólo en esa parte sino que también en la que hay que saber distinguir entre amigos y los amigos de amigos, ahí esta el meollo del asunto.