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Quién merece una segunda oportunidad

En este mundo de imperfectos, nadie puede presumir de no haberse equivocado en la vida, de no haber hecho daño, de no mil miserias que componen las páginas negras de nuestras biografías. Conozco gente con un pasado más que cuestionable que ha sabido sobreponerse aprendiendo de los errores. Seguro que todos mis amigos, a los que quiero incondicionalmente, tienen sus propios episodios trágicos en los que se comportaron como auténticos hijos de puta y no por ello son malas personas. No necesito recurrir a extraños ni a mis amistades para ilustrar el asunto: yo he sido un cabrozano en demasiadas ocasiones. He vivido instantes de perfecto villano. Y ni me siento orgulloso, ni puedo poner la mano en el fuego a que no volveré a caer. Soy tan humano que sangro.
No tengo tantos años y sin embargo han sido suficientes para observar, aterrado, cómo algunos sentencian a seres humanos porque una vez cometieron un error. Les desean la muerte (conocen lo suficiente la ley como para no expresarlo verbalmente, pero contempla sus actos y dime si no los han matado ya de pensamiento. Eso sí es un crimental y no las mariconadas de George Orwell) y procuran que esa ejecución social se extienda a todos los que se cruzan en su camino. No les basta con eliminarlos de sus vidas: algunos se obsesionan con suprimirlos de las vidas de los demás.
A mí no me gusta quedarme con una versión. Primero distingo entre si se actuó con mala fe o si fue un error, pero incluso de ser lo primero, me niego a dar por zanjada la suerte de alguien. ¿Con qué derecho, si yo he tropezado tanto como el que más? ¿Acaso no existe la redención? Me siento muy orgulloso de haber confiado en personas a quienes otros habían arrojado a los leones. Hoy, y no dudo que muchos opinarán como yo, me puedo fiar más de ellos que de los que fueron sus jueces.
Gracias a Dios que existen las segundas oportunidades. Prefiero a alguien que se ha caído en un millar de ocasiones que aquel que no consintió un error. Dime tú quién es más persona, que a mí ya me han noqueado con la piedra.

***
Esta no es exactamente una entrada sobre la amistad, pero quiero reflexionar sobre ella en esta nota al margen. Hace unas semanas escuché a una persona infravalorar la amistad, burlándose de aquellos que dicen que los amigos se miden en los momentos difíciles. Según este talludito, eso no tiene nada que ver. A mí me dio mucha lástima escucharlo, porque el hombre pedía a gritos un amigo de verdad. No, no lo pedía: quien no conoce, no puede añorar. Ya sé que detestáis lo que pongo, pero por una vez, escuchad esta canción. Joe Crepúsculo, con Astrud, es mi último descubrimiento musical.

Queda una entrada para la mil, así que los interesados en el proyecto tendréis que daros prisa. Y ya podéis leer hasta el capítulo tres de Bajo el paraguas (y comentar, quien tenga tiempo).

5 comentarios:

Alma Con Arte dijo...

Wow. Esta entrada me ha gustado mucho.
Ser humano significa ser héroe y villano. Supongo que somos un tanto complicados.
Muy reflexiva. Gracias

Enrique dijo...

Todos hemos tenido malos y buenos momentos, y por ello no vamos a destrozar años de amistad por algo que se haya hecho en un momento puntual. Ahora, creo que todos debemos poner un poco de nuestra parte para no pasarnos con nadie, hacer algo de lo que luego nos arrepentiremos, etc. No creo que siempre valga la excusa de "lo hice sin querer", "no sé que me pasó", etc. Una vez cada cierto tiempo, vale; pero algo que ocurre constantemente... NO.

Ce-L dijo...

Esta entrada me ha recordado mucho a una que publiqué hace unos días. Para resumir, en ella decía que el ser humano no es más que un perfecto imperfecto

Profesor Severus Snape dijo...

Nunca comento en ninguna entrada, sin embargo hace mucho tiempo que espero leer un texto así. Enhorabuena por ello. Los seres humanos tendemos a erigirnos jueces de las situaciones más diversas.
Todos tenemos nuestras malas acciones, sin embargo, es sobrepopniéndonos a ellas como "limpiamos nuestros historiales" y realizamos muchas otras obras que, por el contrario, benefician a muchos.
Me ha gustado bastante, creo que a muchos les hace falta leer algo así para tenerlo presente en sus vidas. Que pobre y que triste debe ser odiar a tanta gente...

Estefanía C. dijo...

oye, muy buena tu reflexión. Sabes que me extraña? no has hecho ningun comentario sobre wikileaks...