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La emperatriz de Lavapiés

Admito que esta canción me encanta, aunque los valencianos dejaríamos sin paella al estilista. Supongo que es la clase de canción que te gusta no tanto por la canción en sí, sino por las circunstancias.

Tres buenas razones (egoístas) para donar sangre

Ni solidaridad ni tonterías, voy a proponer este cartel a los centros de transfusión de sangre para que se disparen las donaciones.

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Velo

Yo lo siento, pero no puedo ir con la corriente. Me apena que las musulmanas que deseen llevar velo en las escuelas españolas, no puedan hacerlo porque se las trata como quien quiere llevar una gorra con visera rosa fucsia a lo choni. Es lo mismo para algunos en este país que se las da de cristiano un día y laico al otro, que si el 25 de diciembre no va a clase es por la sagrada Navidad pero que si el musulmán pide respeto por sus fiestas, entonces comparamos sus festivos con la final de la Copa del Rey: un capricho pueril, a fin de cuentas, que si no vas a trabajar atente a las consecuencias.

No hay musulmanes en mi círculo de amistades. No puedo pensar en nadie cercano cuando hablo de mujeres con velo, pero sí en personalidades fuertes, especialmente fuertes cuando viven en una sociedad machista, que reivindican la igualdad entre sexos y que sin embargo llevan velo: porque si hay una mujer feminista que pese a ello lleva el velo, y las hay a puñados, quizá debamos plantearnos que lo del velo no es una sumisión al hombre (como nos encanta decir para justificar nuestra islamofobia; igual que Turquía no puede ser de la Unión Europea "porque está en Asia". ¡Hipócritas! Ese debate sólo existe porque tienen otra religión, y lo del territorio es pura fachada xenófoba que les viene como anillo al dedo). No confundamos velo con burka, o no dejemos que los interesados lo hagan con nosotros: si alguien, por su religión, quiere cubrirse el pelo, debemos respetarlo sin chistar. A nosotros no nos perjudica en nada y es algo que ellas desean hacer, de modo que ¿en concepto de qué nos atrevemos a oponernos? Extraer teorías conspiratorias como que a partir de ese consentimiento llevarán burka o serán polígamos, es marear la perdiz para asustar al patio. A mí me encanta ver mujeres que se atreven a desafiar los prejuicios de los españoles: mujeres con velo subiendo solas en el metro; mujeres con velo que se pintan las uñas para que todos las vean; mujeres con velo que van a la universidad, y que ni un hombre se atreva a decirles que están fuera de lugar, porque ellas van a ser licenciadas y competir en un mundo profesional al que no accedieron sus madres. Mujeres íntegras que saben que lo único malo del velo son las interpretaciones que sacan los fanáticos islamistas y los laicistas reaccionarios, porque lo que es para ellas, no tiene más sentido que el crucifijo que llevas tú bajo la camisa, y que todos ven cuando te quitas el abrigo al llegar el verano.

Tres películas buenas que he visto últimamente

El escritor.

Las mujeres de verdad tienen curvas.
Los amigos de Peter.

Así, de buena a mejor. Yo, que tengo tan poca paciencia para el cine, me he encontrado con tres perlas seguidas.

Diario de un vagabundo neoyorquino llamado Portièr

Estoy seguro de que me arrepentiré de publicar esto. De hecho, lo he evitado durante año y medio, pese a que se me pasó varias veces por la cabeza. El motivo para publicarlo es simple: me divertí escribiéndolo; el motivo para no hacerlo es contundente: el protagonista de estos relatos es un vagabundo esperpéntico y desagradable, que no le tiene respeto a nadie, con un nivel cultural por los suelos y altamente provocador.
Tengo que explicar el origen del diario: cuando en septiembre de 2008 visité Nueva York con unos amigos, abrimos un foro en internet para ponernos de acuerdo de antemano con el hostal, los itinerarios, la excursión a Washington... era más práctico que los emails de cascadas infinitas, o las reuniones caseras en las que estábamos a todo menos a eso.
Yo, demócrata de pro, que no soporto que alguien responda en el Trivial cuál es la capital de España sin que el equipo lo haya votado primero, me encontré con un bache importante: cuando salió el tema de ir a ver un musical de Broadway, mis amigos no querían Wicked, o El rey león, ni tampoco Avenue Q. Mis amigos, Dios los perdone, querían ver El fantasma de la ópera.
Vale, no podía coger un berrinche y exigir que se hiciese lo que yo quería. Eso hubiese ido contra mis principios democráticos, y no estaba dispuesto a perderlos ni por un buen espectáculo musical. Sin embargo mis amigos no daban su brazo a torcer, "Vamos a beeeeeer El fantasma, señor C., vamos a beeeeeeerlo" (bueno, vale, lo admito: no lo dijeron con esa voz de borrego, pero es que sigo indignado), y yo me frustraba porque mis argumentos caían en saco roto. Fue ese el momento en que decidí que alguien los convenciese por mí. Y para que no sospechasen de mis intenciones creé un personaje que pudiese considerarse mi antagonista, en las antípodas de mis pensamientos, alguien que se hiciese pasar por neoyorquino y convenciese a mis amigos de que las decisiones que estaban tomando eran un error. Mi intención era manipularlos a través de las páginas de un relato, en resumidas cuentas. Ni qué decir que no funcionó.
Mi miedo a publicar esto es que alguien con media neurona pudiese creer que lo que dice Portièr, el protagonista de este diario, es lo que opino yo. Quitando el tema del musical, lo cierto es que desprecio todo lo que dice este sujeto, pero admito que me divertí escribiéndolo, porque era un humor con el que nunca había trabajado -y no lo he vuelto a hacer; quizá quedé traumado- y del que para ser honesto, tampoco soy lector. Detesto las películas de Torrente. Releer Portièr me ha producido el mismo asco, pero hay cosas que cuando las escribes para tus amigos tienen una sintonía que a ellos, yo que sé por qué, les hace gracia. Son los mismos que votaron por El fantasma, así que no me puedo sorprender.
Ésta ha sido la introducción a los relatos. Si alguien los quiere leer, bienvenido a Diario de un vagabundo neoyorquino llamado Portièr. Estás advertido de que te desagradará. Hay cosas que nunca deberían salir del fondo del cubo de la basura.


Nota del autor: Portièr es un personaje ficticio que derrocha mal gusto. Sus opiniones no se corresponden en nada con las del autor.


Para ir animando el viaje a Nueva York, para presentar lugares míticos de la ciudad y otros no tanto, le he pedido a mi amigo Portièrque escriba un blog para nosotros. Es superexclusivo y superbarato. Lo único que le pago es una suela de zapato de cuero, mejor que las de goma que le dan en el Museo de la Indigencia.
Aquí empieza:


12 de Junio de 2005 o yo que sé, que no miro los periódicos: Mi gran amigo Ferran Adrià* me ha propuesto escribir un diario donde cuente mis experiencias en Nueva Llorc. Yo lo escribo así, con LL y C, porque si lo escribo como el jamón me entra hambre. Soy un pobre vagabundo de mierda que no tiene qué llevarse a la boca, salvo chinches de colchones abandonados y la mugre de las ruedas de los coches. De vez en cuando y si hay luna llena, me hago un festín lamiendo las compresas usadas que encuentro en los cubos de basura metálicos, esos tan conocidos de esta nuestra ciudad. Nueva Llorc, que ya lo he dicho.
Me llaman Portièr, pero en realidad soy Encarnito Juliojosé Chinarro de Córdoba. Nací hace sesenta y tres (¿lo he escrito mal? Nunca he sabido escribir bien los números. A la pregunta de porqué no uso números árabes, muy lógica, no responderé. Si no os habéis preguntado porqué sólo lamo compresas en luna llena, no tendriáis que haberos preguntado esto). Sigo: nací hace sesenta y tres primaveras en Valencia y por aquel entonces era el portero de una finca de la ciudad, en la placa de la Virgen, donde vivían los Tadeo, los Herrero, los Yúster, Fuertes, Sanchís, Reyna y Cester. No sé para qué repito sus nombres, supongo que para convencerme de que no he perdido la chaveta. Ya sé que se escribe con "b", pero tú eres tú y yo soy yo.
Ya me puede merecer la pena escribir este blog, porque estoy usando el último rollo de papel higiénico que me quedaba. Total: si sólo lo usaba para sonarme los mocos invernales, no pasará nada. Los vagabundos no cagamos, ¿cómo, si no comemos?
Hala, a tomar por culo. Ya os contaré en la próxima aventura, bueno, ya te contaré a tí, Ferrán Adrià, lo que me pasa en Nueva Llorc. Tú eres un hombre decente y me sacarás de la indigencia, estoy seguro. Te envío este primer escrito por burofax, que en Nueva Lloc se nos ha caído la conexión de Wi-Fi y vamos todos echando pis por las bocas de incendios. A la siguiente te cuento la vez que subí a las Torres Gemelas, cuando me fui de fiesta al Bronx y me violaron cuatro negros y dos chinas o esa de cuando Marilyn Monroe me pidió fuego y le toqué una teta.
Te quiere y aprecia,
Portiér.

* Nota de Pablo: Reconozco que he mentido un poco. Le he hecho creer que soy Fernan Adrià para que se crea que le recompensaré con una cena suculenta. Pobre capullo.



14 de Junio de 2008: La puta. Mémterao que estamos a 2008. Mala suerte, porque yo creía que estábamos más atrás en el pasado. 2005, o algo así. Digo la puta porque este nuevo dato en mi vida tendrá consecuencias negativas. Es que Pathy la Vagabundo de la 66th-4th me pidió que la encerrase en un contenedor abandonado hasta año nuevo, para superar su récord de dos semanas comiendo moho en un espacio de metro y medio cuadrado. Pues ya se habrá muerto la cerda, porque lleva tres años encerrada la muy jodida. Qué afán de protagonismo.
Dejando de lado mi desliz quiero contarte algo sensacional, mi amigo Adrià. ¡Hoy he ido de excursión al Bronx! Me acompañaban dos compis del gremio, Red-tooth (porque siempre tiene los dientes rojos, consecuencia de las encías sangrantes, consecuencia a su vez de mascar latas de Coca-Cola) y Rody-the-Cool. Rody-the-Cool es negro, así que estaba como en su salsa. Red-Tooth y yo andábamos más moscas, por lo que nos pudiese pasar, pero los negracas de pistola en el culo y zapatillas de aire se apartaban de nuestro camino, como si llevásemos la peste. ¡Cerdos de mierda, se creerán más limpios que yo!
Al final nos hemos relacionado con ellos y todo. Yo soy un seguidor ferviente de la política de los Eéuú y les he preguntado a quién pensaban votar.
-¡Disculpad! ¡Había olvidado que los negros no entráis en el sufragio universal!
Un chistecico para romper el hielo, qué humos tienen algunos. El tal Sam Brown me ha mirado con ojos de guillotina, y eso que no hecho bromas del color caca de su piel.
-¡Que no hablaba en serio, water-melons! ¿A quién votaréis?
A Obama, lógicamente. Esa era la respuesta lógica. Claro que no.
- Yo votaré a McCain.
- Y yo.
- Et je.
- I jo -tienen a un afro-catalán-americano, se llama Marc y baila una versión muy rara de hiphop-sardana.
- Yo yo.
- ¡Pero estúpidos! ¡Obama es negro! ¡Es cosa, como vosotros!
- ¡Mentiroso! McCain es el negro.
Todos señalan un cartel publicitario al fondo de la pista de basquet. Alguien le ha echado buena mano al Photoshop para que McCain sea negro. Menuda jugarreta para ganarse el voto "de color" (sí, ahora me ha dado por los eufemismos. Después me follaré a tu madre).
Aunque no te lo vayas a de creer, amigo Adrià, también hay cosas la mar de cultras en el Bronx. No todo es tiros y banjo, también hay coca y éxtasis. Muchos no saben que es estadio de los Yanquis -ese deporte tan engorroso de una pelotita, carreras y un bate pesa'o- está en el Bronx. Si hasta tienen su propio jardín botánico y zoo, claro que las guías turísticas que me encuentro en la basura omiten el hecho de que el 90% de la plantación del jardín es marihuana y que la mitad de animales del zoo se encuentran en fase de rehabilitación, después de que en 2004 pillasen a los chimpancés pasando droga al resto de animales.
Otro día te hablo de otros lugares de Nueva Llorc. Es una pasada de ciudad, de verdad. Cuídate, amigo Ferrán.




25 de Junio de 2008: Cocinero cocinero, perdóneme que no le haya escrito antes. Verás, es que el papel escasea cada día más en Nueva Llorc. El alcalde, que es un mafioso de no te menees, ha establecido la ley seca. No seca de alcohol, no: más bien seca de tinta. Y en eso estamos los neollorquinos, a base de reciclar las Páginas Amarillas y cualquier cosa para poder escribir. En McDonalds han empezado a entregar las facturas en hojas de lechuga, para que te hagas una idea aproximaited de cómo está la cosa. Jodida no, peor.
Hoy te escribo porque tengo algo muy interesante que contarte: el día del atentado de las Torres Gemelas o mejor, también conocido como el Día-en-que-los-Judíos-sacaron-su-dinero-de-la-Bolsa-a-tiempo. Sospechoso cuanto menos, ya me dirás tú. Una vez me contó un sobrino mío que un chiquillo de Valencia, mi previous ciudad, hizo un discurso en el cole sobre lo imposible del atentado. ¡Pamplinas grasientas, todo eso es una conspiración paranoica que ni Michael Moore! Yo sé qué pasó ese día porque estuve en las Torres Gemelas. En las dos torres, de hecho, en la alta y la no tanto. Es que como vagabundo profesional que soy, un gobletrotter free-lance, me las apaño muy bien para encontrar sitios donde hacer de vientre en Nueva Llorc, y los aseos de las Torres eran la mar de asea'os. Sólo un váter en el mundo puede hacerle competencia, doy fe: los de Harrod's de Londres. Durante mis cinco días de turismo indigente en 2003 comprobé que tenían hasta una horda de negros camerunenses calentando el tazón para que no estuviese frío para los ricos. Un lujo mejor que las zapatillas de goma.
Pues eso, que me hago la picha un lío y no sé por dónde iba: estaba yo en la Torre Gemela A, la de la no-antena, cagando limpio cuando me dí cuenta de que no había papel. No es que lo necesitase para limpiarme el culo, porque yo apenas cago colillas de cigarros que me trago mientras duermo, pero siempre viene bien para trueques en los callejones de la Gran Manzana. Así que ni harto ni perezoso me salí de la cabina retretteeeerrr cuando escuché un "capachupú" que pa' qué. El moro que estaba echando el pis salió por patas y por descuido se cayó al vacío, que el avión había de colosionona'o en nuestra planta, between others. Yo, que soy más avispa'o que el pederasta de la Abeja Maya, me fui corriendo a ver si había algún muerto al que le pudiese pillar la cartera.
Y anda si los había.
En cinco minutejos me enbolsillé la friolera de trece dólares o como dicen por aquí, thirteen turkeys. Con eso podía pagar a Nancy la Mellada para que me hiciese una felación en Nochebuena, cuando hubiese algo que celebrar. Había humo por todas partes pero ni que mis pulmones no fuesen resistentes a todo, después de tantos años viviendo en las calles. Conseguí bajar a la calle y me metí rápidamente en la Torre Gemela #2, que tiene una antena muy larga que hace lucecillas como si de un árbol de navidad anoréxico se tratara.
Subí hasta arriba y de nuevo, cuando estaba haciendo de vientre (tres colillas de Lucky Strike y dos de Marboro) de nuevo "capachupú", todo a tomar por culo y el morro del avión metido hasta los grifos del año. Conste que el piloto todavía seguía vivo en ese momento, cantando algo en árabe. Salió de la cabina y echó un meo en eso que llegaban los bomberos también a la segunda torre.
-Hello.
-Shal'am Malequú.
Malequú su padre, pero no era momento de discusiones. Ademón, yo no sabía todavía que era un terrorítico de esos de la CNN. Me urgía más ir a buscar dinero entre las víctimas y aunque no encontré ni dos turkeies, al menos me pude llevar un fajito de post-its con forma de corazón que luego pude cambiar por una cuchara de plástico del Starbucks gracias a unas duras negociaciones.
Cuando me encontraron los bomberos yo tenía la cara cubierta de hollín y como ellos no socorren a los negros, pues me dejaron estar. Bajé a la calle por mi propio pie y por el camino me eché unas risas con la Muerte, que se estaba poniendo las botas con tanto cadáver.
-Ya se me han ocurrido los primeros chistes -me dijo emocionada, mientras balanceaba su guadaña y se golpeaba la túnica negra con su mano huesada. Huelga decir que la Muerte siempre ha tenido muy buen rollito con los vagabundos. Será que nos considera muy próximos a ella, como a los sidosos-. A ver qué te parece éste, Portièr: ¿en qué se parecen las Torres Gemelas a la lasagna?
Ay, me meaba de la risa con sus ocurrencias. A ver si nos volvemos a ver la Muerte y yo, que tiene una chispa que no la acercas a la gasolinera ni en broma.
Por la noche, en mi Bread Box del callejón Stinks Alley, sólo se oían ambulancias p'arriba y p'abajo. Esos días todavía no pegaba el frío, por lo que los vagabundos manteníamos las distancias pudientemente y sin mariconeos. En eso estaba Tim Burtong y nos contó lo del Pentágono. Que había sido el constructor el Pocero, que no había hecho planos decentes de la reforma y se le había venido abajo todo un la'o del edificio. Pues yo me quedo más tranquilo, para qué te voy a engañar, amigo Adrià.
Y eso fue lo que pasó el 11 de Marzo de vete tú a saber qué año. Digan lo que digan, fueron los judíos. Prueba de ello es que exactamente nueve meses después en los hospitales maternales sólo había judías echando retoños de entre sus entrañas. Todas ellas con una sonrisita en los labios. Cuando la matrona les preguntaba por la casualidad del boom judio-monstruoso-natalicio, todas respondían lo mismo:
-Es que había mucho que celebrar.
Las matronas, pobres mujeres incultas, no sacaban bien las cuentas. "Debió ser el Hanuká". El circunscidor no dio a basto en tres semanas.




23 de Agosto de 2008: Dios mío. Oh, my God. ¿Dónde he estado todo este tiempo? ¿Qué narices me ha pasado? ¿Por qué siento como si no hubiese pasado el tiempo, y sin embargo el calendario luminoso del Trade Center marca claramente la última semana de Agosto?
He tenido una temporada muy mala, mi amigo Adrià. Le dije a tu secretario, cuando me llamó a preguntarme qué me pasaba que no escribía, y le dije que estaba de gonorreas en el Bronx. Era mentira, pero bueno, siempre es más emocionante enfermarse de gonorrea que de anginas, o de diarrea. Al menos por cómo la contraes. En realidad estaba con el mono. Sí, amigo, Adriá. Portièrtiene un mono.
Se llama Pirulí. Pirulí el Mono. Lo conocí en el zoológico del Bronx, ese que es un poco más gitano que el del Central Park, he hicimos migas desde el primer momento. Pirulí tiene un trauma sexual porque sus cuidadores le llaman Maddie, que es nombre de hembra, y él tiene pirulí y por lo tanto de hembra ná. Así que eso: si el hábito no hace al monje, el pirulí sí hace al macho. Por esa razón las pasa canutas cada vez que le dicen “Maddie, come here!” o “Maddie, suck my banana”. Le llevan de entierro en entierro al pobre Pirulí.
Rescaté a Pirulí hace unas cuantas semanas, cuando el zoo estaba a punto de estrenar la atracción “Kiss Maddie, she is a Lady!”, que preveía su final psicológico. Intuí lo mal que lo estaba pasando y con mis hierros del carrito logré sacarlo sin levantar sospechas: a fin de cuenta se trata del zoo del Bronx, ahí con tal de que no entres pistolas les da igual el metal que pase por la puerta. Salí del zoo con Pirulí de la mano y nos fuimos los dos en busca de una nueva vida. Nueva York es así, tiene estos giros inesperados. A mis años quién me iba a decir que iba a hacer un nuevo amigo.
Sin embargo lo pasé muy mal porque Pirulí estaba muy afectado por tantos años de Maddie en su vida. Si bien él se sentía macho, tenía serias dudas para reconocer a las hembras. De modo que una noche, sin quererlo ni beberlo, Pirulí intentó violarme en un callejón del barrio, justo cuando acababa de preparar un cubo de basura para calentarnos (siempre hay que hacer fuego en Nueva York: da igual que sea mitad de Agosto. Los vagabundos tenemos que mantener un prestigio de pirados). Pirulí, en un momento de Maddie, me dejó abandonado en el suelo y se marchó a la fuga. Cuando me desperté estaba en el hospital y los médicos, blancos asustados por trabajar en tierra de negros, negaban con la cabeza al ver el análisis del semen de la violación. Según supe después, aparecí en el NEW YORKER como “Pervertido abandona a chimpancé después de coito anal”. Y eso que ni siquiera me tocó, sólo me golpeó en la cabeza al no dejarme vencer.
Y claro, he cogido todas las enfermedades de un mono. La tisis chimpacina, la viruela monosa, los mocos de orangután. Diez enfermedades seguidas, en riguroso orden alfabético. Las enfermedades serán perniciosas, pero nadie les negará un irrefutable respeto por el abecedario.
Mi compañero de habitación es un latino al que no le he dicho que soy español, no sea que me de la murga como piñatas, nachos y cancioncitas del rey David. Su familia viene a verle todos los días, pero sólo lo hacen cuando cae el sol y las enfermeras cambian de turno, porque como ninguno tiene papeles tienen que hacerlo de incógnito. Ya he conocido a Daniela Salvadora, José Salvador, Manuel Salvador, Isabela Salvadora y Andrés Salvador. Ni qué decir que todos se apellidan Sánchez. Qué escoria de nombres. No saben que para triunfar en Nueva York se necesita algo más artístico, da igual a lo que te dediques. Ya seas ejecutivo, cocinero o pintor, necesitas un toque sibarita hasta en tu onomástica. Por eso yo me decanté por Portièr al llegar a la Gran Manzana. Dime tú, amigo Adrià, qué hubiese hecho yo con mi nombre de mierda. Ferrán Sánchez. No hubiese vendido ni tampones en medio de una convención feminista.
A mi compañero de habitación sólo le oigo hablar de una cosa: los musicales de Broadway. Dice en sueños que su ilusión es cantar sobre esas tablas, ante un público inculto y adulador. Que desencaje las notas que sean, los aplausos no cesen ni de milagro. Cuando una enfermera también latina le ha preguntado si quiere ir a ver ‘El Fantasma de la Ópera’, la celebrísima ópera, él ha respondido tajante:
- Y un cojoncito voy a ver yo eso –todo con su acento mexicano, por supuesto-. Nada de mariconadas de lágrima fácil -¿o ha dicho fásil, como si fuese lo mismo?-. Yo he venido para debutar en Wicked, en El Rey León o Avenue Q. Eso sí son musicales. Divertidos, originales y que puedan entender turistas. Por ejemplo, qué se yo, valencianos.
Yo estaba alucinando, evidentemente, porque soy valenciano (aunque ya no muy turista). Lo que pasa es que como no quiero que sepa que hablo español, me he hecho el estadounidense y para eso me he metido en el clásico papel de neoyorquino antipático:
- SHUT UP, SHIT OF LATIN!
¿Quién podría sospechar de mí?
Por lo menos estoy de acuerdo con su opinión. El Fantasma de la Ópera es para un público que pretende ser más exigente, que con mucho gorgorito se da por satisfecho y que sin embargo no ha entendido ni una mierda de la auténtica mierda que es el musical. Sin embargo hay otros que no tienen tantas pretensiones. Qué sé yo: El Rey León, o Wicked, o Avenue Q. Recuerdo que cuando fui a ver esta última meé bilis de la risa (bilis porque no tengo otro líquido que mear, después de una semana sin probar líquidos).
Bueno, amigo Adriá. En seguida te vuelvo a escribir para ponerte al día de las aventuras de Nueva York. A primeras te recomiendo que leas ‘Caperucita en Manhattan’, que no es una peli porno si no un libro para jóvenes de espíritu. Al menos te meterá el canguillo de venir, ya que andas pensando en abrir tu Bulli en la ciudad. Yo sabes que te esperaré, con tal de que me dejes probar un pedazo de tu delantal. Me he humillado por cosas peores.

El Día Mundial de los Termos Personalizados

El móvil de Eme me encantaba: era el único que podía competir contra el mío, ese Nokia anti-golpes que sobrevivió a tres papas. El suyo tenía algo aún mejor, una plantilla de papel bajo la carcasa transparente en la que se podía dibujar. Insuperable.
Por eso tenía que hacerme con un termo de Starbucks: porque me daba la posibilidad de dibujar y tener mi envase personalizado a la vez. Eso sin contar los cuarenta céntimos de descuento de cada vez, el café que me regalaron por comprarlo o, gualá, los dos cafés que me he tomado hoy completamente gratis gracias a ir con mi termo en el Día Internacional de Café Gratis en Starbucks si llevas tu termo de casa. Mi día, en resumen.
Cuando me compré mi termo hace unas semanas no tardé en diseñar una plantilla, que no acabo de terminar. Demasiado espacio blanco. Se supone que soy yo, en un sillón, leyendo mientras tomo café y salen ideas de mi cabeza; ideas del plan jirafas, elefantes, el metro de Madrid -que es como yo identifico Madrid, en resumidas cuentas. Mi adorado Madrid- o lasenyera, por mi patria valenciana. Fue ahí cuando B, mi compañera de piso filóloga, vio mi termo y quiso uno personalizado para ella. Entonces le hice uno y, qué putada, me quedó mejor que el mío. La retraté tomando un brunch con Valle-Inclán, su héroe mundial: pura esencia de B, eso sin mencionar su sombrero. Al lado del suyo, mi termo es una patata. De hecho, creo que voy a meter el suyo en el micro-ondas para estropearlo y decir "qué lástima, ya te haré otro dibujo", y nunca más se volverá a hablar del tema. O eso o me monto un estudio de diseños de termos personalizados, que ya le he cogido el gusto a esto. ¿Quién quiere uno?

Garzón

El juez Garzón me entra mal por una razón primordial: su obsesión por ser protagonista, que le lleva a querer estar en todos los frega'os. ¿Servicio a la justicia? Permitidme que lo dude. O un 40% servicio a la justicia por un 60% de populismo. No me gusta la gente que quiere salir en la tele día sí día también. Por eso digo que Garzón me cae mal de entrada, pero hay más. Mucho más.

Estos días es noticia porque lo van a sentar en el banquillo por presunta prevaricación a la hora de juzgar crímenes franquistas. No me voy a meter en camisa de once varas porque no me he empollado el tema, ¿pero no fue él quien evitó juzgar a Carrillo por los crímenes de Paracuellos, empleando los mismos argumentos que ahora niega con los franquistas? A mí, que me encantaría ver a los fascistas juzgados, no me gustaría menos ver en el banquillo a los republicanos que se portaron igual de mal. Alguien que sólo es capaz de ver el crimen en un bando me huele bastante mal.
También me huele mal un tío que persigue al PP. No porque persiga al PP, porque al PP no lo han sentenciado de nada que no haya hecho por sus propios medios, sino porque es un obsesión enfermiza por el partido político de la opisición, él, que estuvo una vez en las listas electorales del PSOE. Eso sería suficiente motivo como para apartarlo de cualquier causa judicial en la que participen partidos políticos, porque no hay que ser un lumbreras para ver que él ha estado metido hasta el fondo en las causas de unas siglas. Pero a Garzón está visto que hay que permitírselo, igual que al PP la corrupción.
Lo mismo con el banco Santander: el presidente le paga un viaje -y Dios sabe que cuando hay una cosa, puede haber muchas más; lo mismo de lo que no nos enteraremos en Gürtel- y el juez se ocupa de que la entidad bancaria se libre de un proceso judicial. ¿De verdad se puede decir que Garzón sea un juez honesto y transparente? ¿Acaso estos argumentos o mil otros, como escuchas telefónicas ilegales, no son suficiente razón como para apartar a este tío de la justicia?
No hay que ser fascista para apoyar la causa. Porque por más que nos hagan creer lo contrario sus amiguetes políticos, Garzón no ha sido el adalid de nada más que de su imagen e ideología. Ha ensuciado la justicia, igual que muchos otros jueces, y sus méritos tienen más que ver con su obsesión por estar siempre en los medios que una auténtica y noble causa por la ley. En este país todavía hay que juzgar a muchos políticos y fascistas, desde luego, igual que a republicanos y exministros. Lo único que espero es que no sea este juez. Ninguna persona objetiva puede negar que las tres causas contra él están perfectamente razonadas. No nos ceguemos y admitamos que el rey se ha creído inviolable.

5 cosas que haría de ser un dictador

Creencias erróneas (iv)

Es falso que haya existido alguna vez, ni siquiera por media hora, una norma de la RAE que prohibiese -ni mucho menos desaconsejase- el uso de tildes en las mayúsculas. Jamás existió ninguna regla parecida, ni de lejos, y la RAE siempre ha insistido en la obligatoriedad de la acentuación, sin excepción ni gaitas. ¡Cómo nos engañaron en el colegio...!

La problemática de los ricos

Algo que me retuerce el estómago, y me recuerda mis días en HarryLatino: "JK Rowling no va a sacar más libros porque como es rica, ya no le hace falta...". Las personas que decían esto, que pretendían describir una mujer avariciosa e indiferente ante los demás, lo único que hacían -y siguen haciendo- es describirse a sí mismos: personas que de tener dinero, no pegarán un palo al agua. Personas convencidas de que todos los demás actuarían igual.

Rara vez hablo de 'Harry Potter' en este blog y hoy no va a ser una excepción, pero JK Rowling es una rica que me sirve de ejemplo para describir a esos ricos triturados o, mejor, a los pobres envidiosos. Mira que JK Rowling puede cometer errores, igual que todo hijo de vecino, pero si hay algo de lo que nunca jamás la he culpado es de ser rica. Y su fortuna, por lo mismo, me importa bastante poco. Quien se piense que alguien que no necesita trabajar por dinero va a dejar de hacerlo, es que tiene una visión muy pobre de su futuro y de la vida en general. Yo por mi parte espero deslomarme hasta que no me queden fuerzas, gane cinco duros o cinco mil. Me alegra comprobar que muchos ricos siguen haciéndolo. Es donde demuestran la palabra "vocación", que la gente envidiosa no tiene en su vocabulario.
Por lo mismo, me molesta cuando la gente decide -no encuentro una palabra mejor- que alguien ha ganado demasiado. La gente se convierte de un día para otro en juez de las arcas de los demás, y llegan a la conclusión de que alguien rico no merece ganar más dinero. Es más: deciden que es moralmente aceptable "conseguir gratis" lo que deberían conseguir pagando, sólo porque el autor o empresario de turno tiene el consabido chalé en Miami. Si tiene un chalé en Miami, todos los mortales tenemos derecho a boicotearlo, y eso no quiere decir que dejaremos de escuchar sus discos, comprar sus libros o ir a sus restaurantes, qué va: lo que quiere decir es que seguiremos disfrutando de toda su producción, en tanto que somos unos gilipollas muy selectos, pero lo haremos sin gastarnos un duro, y que nadie se atreva a llevarnos la contraria.
"Pero si es rico...".
A mí me la suda que sea rico o no. En tanto que la fortuna de una persona sea honrada, y se emplee en cosas que no atacan mis principios -y hay muy pocas maneras de emplear dinero en cosas que atacan mis principios. Se me ocurre la financiación de terrorismo, trata de blancas y poco más-, en tanto de ello, yo no soy quien para declararme la Justicia de los Dineros. Espero, por favor, que opinéis lo mismo: que no juzguéis a nadie por su dinero, ni os atreváis a decidir cuando ha ganado bastante. Espero que si, por algún tipo de enfermedad, no queréis seguir contribuyendo a su cartera, que por lo menos seáis tan valientes como tampoco beneficiaros de su producción, y no seáis ratas que se lo llevan gratis porque habéis inventado el nuevo comunismo. El del mequetrefe. El de la fortuna del otro. El de la moral veleta.

Una declaración de amor

Cine en 3D

He leído este artículo de elpais.com y me ha parecido muy interesante. Sólo he ido a ver una película -como película; no me refiero a los documentales que proyectan en L'Hemisfèric- en tres dimensiones, UP!, y me sentí completamente estafado. Es increíble el poco volumen que le sacaron a una cinta en la que había una casa volando, y para colmo, las gafas me robaron mucha definición de imagen, que era lo único que podía destacar de un filme tan malo. Ahora veo que los especialistas dan la razón, y que no es lo mismo hecho para 3D que convertido en 3D. También me han convencido para ver Alicia en dos dimensiones. Esta vez no voy a caer.

Tres