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La C. es de Cayo, no de Cronista

Hoy me han soltado un ¡feliz en tu día! nada más descolgar el teléfono. Por un fracción de segundo he pensado que era mi cumpleaños, pero no, fue hace poco. La siguiente opción es san Pablo, pero es el 29 de junio. De modo que estaba en blanco.
-¡Pero si hoy es san Cayo! -insiste al otro lado de la línea-. ¡Felicidades!
Ah, san Cayo. Mi segundo nombre. Incluso los más raros tienen su santo, aunque el mío era tan típico como José si nos remontamos al imperio romano: mucho antes de que se pusiese de moda el Christian o Jonatán, los antiguos ponían a sus hijos Cayo como primero, y así conocemos a personajes de la Historia como Cayo Julio César o Cayo Calígula, entre otros. La página de Wikipedia lleva buena cuenta de ello.
Cuando tu primer nombre es tan típico como Pablo (recuerdo mi clase de secundaria: menos de veinte alumnos y tres Pablos en el aula), se tiene que compensar con una rareza de máximo nivel. Yo hubiese escogido otras opciones no menos magníficas como Napoleón, pero me tocó Cayo. Y teniendo en cuenta el significado que se le da a esta palabra (nadie piensa en la Antigua Roma cuando escuchan mi nombre, asumámoslo. La gente es más vasta), no ha sido tan fácil de llevar. Ni fácil ni tan complicado.
En realidad, aunque mi segundo nombre me acompaña desde el día que nací, o incluso antes (fui Cayo en primer lugar. Lo de Pablo fue un pacto de mi madre de ultimísimo momento), estuvo mucho tiempo escondido. Sí, tengo Cayo en la partida bautismal, y sí, también, en todos los documentos oficiales como el pasaporte o en dni. Si mi segundo nombre no se convirtió en motivo de mofas durante mi infancia fue sencillamente porque en mi colegio no lo supieron jamás, y yo me guardé mucho de decirlo. Mi madre se encargaba de matricularme y como no le gustaba, omitía el Cayo en todas las inscripciones. Nunca apareció ni en las listas de clase ni en los boletines de notas hasta que llegué a la universidad. De hecho, mis amigos no se enteraron hasta bastante tarde. Empecé a utilizar la C. (simplemente la inicial) aproximadamente a los diecisiete años, cuando ya no hay edad para chistes con los nombres. Así lo he hecho desde entonces.
Como nunca he utilizado mi nombre completo, tengo muy pocas anécdotas relacionadas. Los únicos que me han llamado Cayo son algunos tíos segundos, que por lo visto quedaron muy marcados el día del bautizo. Cada vez que llegaba a un sitio nuevo contenía la respiración al pasar lista, no fuese que esa vez sí saliese mi nombre al completo. Recuerdo especialmente un campamento de verano, con once años, cuando se me acercó un chaval a voz de grito diciéndome ¡Tú te llamas como yo, tú eres mi tocayo! No sabía lo que significaba esa palabra y pensaba que me habían descubierto. Qué alivio sentí cuando me dijo que se llamaba Pablo.
La gente está tan poco acostumbrada a mi segundo nombre que muchos piensan que se trata de mi primer apellido. Otros, que es un nombre artístico que me he sacado de la manga para darme aires de intelectual (lo cuál no quita que las iniciales me parecen muy elegantes. La mía, eso sí, es original). Yo pensaba que con Cayo Lara, el nuevo dirigente de Izquierda Unida, la gente se acostumbraría a mi nombre, pero tras tres años de mandato, doy fe de que el comunista sigue siendo un completo desconocido. Me siento tan desamparado (onomásticamente hablando) como al principio.
Cada vez que comento los nombres que les pondría a mis hijos, la gente se echa las manos a la cabeza y me dice que así los van a torturar. A mí nunca me supuso un trauma porque tenía un Pablo delante que escondía todo lo demás. Que se preparen mis hijos, porque los van a tener...

Esta entrada puede considerarse una continuación a otra que escribí en 2010.

10 comentarios:

Kâlü dijo...

Pues yo no pienso en los pies, pienso en los Julios, ja, ja... lo mejor es la conversación sobre nombres (q derivó en una conversación sobre personajes biblicos) q tuvimos la noche de la cena de Laura E. en el Wok, esa estuvo bien, pero conociendo los futuros nombres de tus hijos he de decir q si, q lo siento mucho por ellos (van a ser como Benjamin Button, viejos desde el nacimeinto xD) Me gustaría ver a alguien que te diga q la C. es de Crónista, eso si q es de risas!
un beso!

Anónimo dijo...

¿Y cual es tu segundo apellido?

Anónimo dijo...

Qué bueno lo de tocayo y tb lo del nombre artístico.Una entrada muy divertida.

si te sirve de consuelo, yo sí que pensé en roma cuando me enteré de lo de cayo y me pareció original, de hecho, siempre me gustaron los nombres del emperador romano.

Ahora bien, en cuanto a la originalidad de los nombres de tus hijos, espero q entres en razón y, al menos, les permitas tener un nombre normal delante, pues también los hay bonitos.

Fdo:
Frufrú

Keldor Gaunt dijo...

A milo que me intriga es que con personajes tan "cristianos" como Cayo Julio César o Cayo Calígula, le hayan hecho un santoral...

Yo estuve a punto de llamarme Jorge Rubén, con lo que habría podido labrarme un futuro como protagonista de alguna telenovela, pero al final me llamaron Keldor a secas :p

María dijo...

Yo, la primera vez que lei lo de Cayo, que fue en tu blog, si que pense en Roma, o más bien, en Asterix, pero la verdad es que es porque tengo fijación con los nombres... hay gente que se queja de que su nombre es muy atípico o raro (o se burlan o extrañan porque lo es el de otra persona) y hay gente que nos quejamos porque nuestro nombre es demasiado típico. Llamarte María García no es del todo de agradecer, bromas no te hacen, practicamente nadie se da cuenta que existes y hay gente que incluso se cree que bromeas cuando lo dices... La verdad, no se si compadeceré a tus hijos por sus nombres, aunque supongo que como en todo, la virtud está en el termino medio.

Babilonia dijo...

Pablos hay muchos. Pablos Cayos, más bien poquitos. Los nombres especiales contribuyen a formar personas especiales. Fdo:

La futura madre de Helena Eleuteria y Alejandro Arístides (nombres griegos: Antorcha Libertad y Protector de los Hombres Hijo del Mejor. El niño sale mejor parado, pero... Hija, te quiero!)

Prigkinissa dijo...

Lo que me he podido reír con lo de tocayo. Sé bueno y pon un primer nombre camuflaje a tus hijos, por favor. Si tú no lo hubieses tenido, reconoce que lo habrías pasado mal. Aunque no compares Napoleón con Cayo. Yo cuando lo vi al comprarme tu libro en el estante pensé: "¡Vaya infancia más dura habrá pasado!" ( que los niños no es que sean bastos, es que no saben de Historia Romana.) A mí me gustán nombres raros ,pero que suenen bien, como Ïride, y tengo obsesión con los nombres de chicas sin aes ( cuando me aburro juego a ver cuántos hay)

Keyra dijo...

También hay nombres originales bonitos... En ese caso no se necesitaría uno de camuflaje.

Ahora Cayo... a mí siempre me ha parecido que suena bien lo de los emperadores romanos con el "Augusto", y nunca lo pondría como nombre porque suena a "A gusto" en español, así que imáginate en el caso de que me gustara como suena Cayo...

De todas maneras creo que la gente exagera con lo de los traumas con los nombres, hay veces que sí puedo entenderlo, pero oigo decirlo a mucha gente sobre cualquier nombre que es poco común o que no está de moda... Que lo digan por Violante lo entiendo pero es que conozco a mucha gente que te sales de lo retípico y ya te advierte de posibles traumas, que pongas un nombre normal (¿Qué es "normal"? Seguro que algunos nombres raros alguna vez fueron normales) e incluso te acusa de choni XD. Recalco que nunca he sugerido ningún nombre inglés, ni las típicas trascripciones "Yonatán" y "Kevin Cos'ner José María" XD, soy de gustos más sencillos, y además creo que siempre evitaría poner un nombre que llevara a error en la pronunciación o que no se pronunciara tal cual se lee en español.

Anónimo dijo...

hahahaha que bueno , tu articulo me ha recordado a mi niñez... y es que cuando tienes un nombre extranjero lo pasa peor la verdad, las estupideces que he tenido que aguantar por mi primer apellido ( mohamed), decian que estaba mojada, tb me acuerdo de otro que se apellidaba dalma y le llamabamos perro por lo de los dalmatas, y asi un sinfin de ejemplos ( que gilipollas que eramos ¬¬). En fin, es verdad que aun se pasa algo mal con las listas de la universidad cuando te llaman por tu apellido y se sorprenden al constatar que eres una chica ¬¬

Minara dijo...

Pues yo no he pensado en cayos si no en emperadores romanos. (¿me afectaré el ver tantas pelis sobre romanos? xD Y no te quejes de segundos nombres, que el mío no pero mi prima se llama Gemma Saludina (es lo que tiene que le pusieran de segundo nombre el de la abuela del pueblo...) Y su madre no es cómo la tuya, la suya pone en todos lados el Saludina ¡y lo remarca!