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Un dictador en el congelador

Treinta y seis años muerto y todavía genera polémica. Los hay que no soportan que Francisco Franco, generalísimo de la España pos y predemocrática, esté sepultado en el Valle de los Caídos, un mausoleo dedicado a las víctimas de la Guerra Civil. No sólo que esté sepultado, porque a su alrededor hay más de treinta mil cadáveres de caídos, sino que lo haga en un lugar privilegiado de la basílica, en su máximo papel de padre de los españoles. Hasta para caer muerto lo tenía que hacer sobre el resto.
Hoy la opinión pública se replantea la función del Valle de los Caídos, y en esa función, dónde debe permanecer Franco, si es que debe permanecer en algún sitio. Por un lado están los que quieren preservar su recuerdo y voluntad, allá donde todos puedan ir a venerarlo. Para llevarles la contraria hay un buen número de detractores que se niegan a que un dictador descanse frente al altar de una basílica que es, a efectos legales, patrimonio nacional. ¿Debemos mantener su cadáver donde está o es imprescindible trasladarlo a donde no hiera sensibilidades?
El rollo anterior no es sólo por ubicar a los lectores extranjeros; el rollo anterior es un repaso mental de los hechos para tratar de formarme una opinión, porque no lo tengo tan claro. Comprendo los argumentos de los primeros, tan nostálgicos ellos, y los de los segundos, que tienen todo el derecho a pasearse por el patrimonio de todos sin obligación a cruzarse con la tumba del gran liberticida del siglo XX. Me pongo en la piel de todos pero ¿a quién voy a engañar? Voy con estos últimos por una simple cuestión de respeto a la Historia, de amor propio, y no es de recibo que se homenajee a nadie que, crisis de República al margen, mantuvo a un pueblo bajo su yugo durante casi cuatro décadas. No hay que ser represaliado o descendiente para que la tumba de Franco moleste: basta con querer un poco nuestro sistema democrático, comprobar el retraso que llevamos con países de nuestro alrededor y querernos un poco para aceptar que sus consecuencias nos perjudican a todos, da igual si nacimos en 1926 o 1987.
Por eso Franco molesta, lo mismo que los no menos hijos de puta que desde el otro bando hicieron barbaridades similares. Sí, por mucho menos tiempo, pero las hubiesen seguido haciendo de haber ganado la guerra. Los perdedores sufrieron primero la horca, y después la persecución y manipulación, durante la eternidad de la dictadura. No ha sido hasta ahora, con la Ley de la Memoria Histórica, cuando se ha echado la vista atrás y el Estado, con todos sus poderes, se ha comprometido a contar su verdad. El problema, señores, es que si lo que fueron los perdedores no es lo que nos contó Franco, tampoco es la maravilla que algunos pretenden contarnos. El nivel está tan por los suelos que no sé cómo hemos podido pasar página a eso. Qué digo: es que nunca hemos pasado página. Por eso estamos como estamos.
Por eso, a fin de cuentas, nos merecemos un Valle de los Caídos con su máxima esencia franquista. Por eso la Ley de la Memoria Histórica debe hacer lo propio y levantar el recuerdo de los otros caídos, que estaban caídos en el olvido, y ponerlos al nivel del Otro. Por eso, porque es nuestro pasado más reciente y mezquino, quiero un Franco con su lugar presidencial en la basílica y un cartelito al lado explicando a todo el que se acerque lo que hizo este tío, putada a putada, miseria a miseria, y una foto de los embalses si se tercia. Lo mismo con el bando republicano, con lo que hizo antes y después de estallar la guerra. No quiero una memoria selectiva. Quiero una memoria jodidamente tajante y exenta de sentimentalismos, porque para mi generación, con un poco de sentido común, estos personajes no deberían ser muy distintos a Pepe Botella, Carlos I o el Cid.
No quiero juicios de valor: quiero información y punto. Y por la misma razón que reconozco el valor histórico de cada recuerdo que nos han dejado los personajes de nuestro pasado, y lamento no disponer de más, no puedo ignorar que Franco ha sido uno de los españoles más relevantes y quiero que su recuerdo perdure para siempre, aunque tenga que taparme la nariz en el transcurso. Ahora dirán que Isabel la católica fue una santa. Pues no. Sin embargo, nadie se plantea sacar su cadáver de la Capilla Real de Granada y lanzarlo al mar al más puro estilo Bin Laden. Asumido lo que fue, nuestro objetivo debe ser preservarla.
Que Franco se quede en el Valle de los Caídos, pero que el Valle de los Caídos le dé el crédito de dictador que se merece. Que los represaliados también tengan la de cal y la de arena, para lo bueno y para lo malo. Y que con un poco de suerte, llegue el día en que estos miserables o engañados nos suenen tan lejanos y ajenos que no nos importe vivir en la plaza de José Miaja, la avenida del Ejército Popular de la República o la calle del Generalísimo. Son tan nosotros que tenemos que mirarlos para reconocernos. Yo no quiero renunciar a ninguna pieza de nuestro pasado, ya sea un discurso xenófobo, un edificio de dudoso gusto artístico o el nicho de un dictador. No es porque me gusten: más bien, es porque quiero tenerlos a la vista para que no se repita.

10 comentarios:

Pazcual dijo...

La Ley de la memoria Histórica, vista desde mi perspectiva de extranjera es una ley que no ha cumplido con las expectativas que los historiadores nos esperabamos. A
No creo que ningún lado haya contado la verdad y estoy de acuerdo contigo en que en aquel mausoleo o cementerio se explique de manera clara quién es quién y que hicieron.
A opinión personal, me parece que hay un miedo por saber qué fue lo que pasó, pero ese miedo no puede seguir oprimiendo una verdad que sinceramente, está a punto de reventar. Más que pasar la página, es sencillamente, presentar los hechos y asegurarse que no vuelvan a suceder jamás.

x.

laura dijo...

No me siento yo con fuerzas para leer este post ahora... xD
Pero al leer el título he pensando instintivamente en Walt Disney; con el tema de que está congelado y tal y que este año un profesor nos dijo en clase que era fascista... Pensé que ibas a hablarnos de Disney xDDD
No coordino a estas horas, de ahí que no lea esta entrada ahora

Pity_Parker dijo...

Pues coincido plenamente con que debe existir una verdad completa, todo mundo ve la paja en el ojo ajeno, y da pena ver que la juventud cree y crece en la ignorancia, la única forma de no repetir el pasado es conociéndole. Lo digo como Argentina y me hago cargo!
Que la historia nuestra es bastante mas intrincada de lo que cuentan algunos y para males se olvidan de sus pecados y le echan la culpa al otro bando.
Por eso estamos donde estamos!

Jessie Piña dijo...

Completamente de acuerdo contigo, Croni. El pasado de cada nación debe de ser recordado y no ignorado.
Soy mexicana y déjame contarte una cosa horrible que paso aquí. Hace un par de años se quito de los libros de historia de las primarias toda la parte del pasado prehispánico; por supuesto que nos alarmamos porque al final de cuentas eso es parte de nuestra identidad y eso ayudo a formar la nación, sin esa parte no se entiende muy claro que es México y que lo hace diferente a otros países. Esas son cosas que no deberían mover de la historia.

Anónimo dijo...

¡Qué tiempos aquellos en que el Señor Cronista de Salem escribía sobre sus lecturas, reseñaba libros, etc...!

Ahora un día, y otro, y otro... política.

A este paso voy a dejar de visitar tu blog.

Anónimo

Cronista dijo...

La política sigue ocupando un lugar anecdótico en el blog. No creo que se publique ahora más que antes, niq que se publique mucho.

EleanorRigby dijo...

El problema de este asunto es que no actuamos como tocaba a la caída del Régimen, manteniendo a los familiares del dictador con todos sus privilegios y riquezas dentro de nuestro propio país, incluso aún hoy los seguimos ensalzando en las revistas del corazón, veamos a Carmen Martinez Bordiu, alias la nietísima en las portadas cada vez que va a un sarao, mientras que hay familias que aún no saben en que cuneta están enterrados sus muertos. Además que el Valle de los Caidos fue construido a manos de los vencidos del Régimen a modo de castigo faraónico, o como ellos querían camuflar para redimir la pena, que en las condiciones de trabajo del lugar y la época ocasionaron muchísimas muertes para un objetivo que al principio no era el mismo que luego se le quiso dar, pues en un primer momento según el decreto fundacional de 1 de abril de 1940, el monumento y la basílica se construyeron para:...perpetuar la memoria de los caídos de nuestra gloriosa Cruzada [...] La dimensión de nuestra Cruzada, los heroicos sacrificios que la Victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra historia y los episodios gloriosos de sus hijos.
Y dicho esto, no me parece bien que exista la posibilidad de visitar la tumba de un dictador, ya sea para enardecerlo o para degradarlo, como también hacen muchos de los visitantes.

Anónimo dijo...

Aquí hay gente a los que nos gusta más Crónicas Salemitas con entradas de política. Supongo, dejando de lado que aquí el que manda es Cronista, que un poco de todo en su justa medida no hace daño a nadie. ¿O sí?

Toniet dijo...

De haber vivido en la época de la república seguramente hubiese cogido un arma para defenderla del fascismo y, quizá, hubiera cometido alguna tropelia;las guerras son así.
El problema está en quién comenzó aquella locura.
Ante toda ideología: Libertad.

Berta dijo...

Mi padre, cuando salió esta noticia, se alegró porque en su opinión Franco no merecía ningún monumento que recordara los 40 años que había "secuestrado" a España, ni todo lo que había hecho.
Mi madre, protestó porque, según ella, el día que lo enterraron le pusieron una losa de no se cuantas toneladas, pa que no se levantara más.
Yo, a pesar de tener la misma ideología que mis padres, opino como tú. Debería recordarse como un personaje histórico más y olvidar todo el daño que pudo causar al igual que el que causaron los del bando contrario.
Pero España es un paí que tiene a dividirse (hasta en el fútbol) tenemos mucho amor propio a nuestros ideales, y así estamos...estancados.
Espero no cometer con mi hijos que cometieron mis padres conmigo inculcándome desde pequeña un rencor hacia una persona y una situación que yo no conocí.