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Feliz Día Mundial de los Compañeros de Piso

Hace unas horas he recibido un e-mail procedente de una isla a más de ocho mil kilómetros de distancia de Madrid, en el océano Índico, al sudeste de África. Lo firma B. y me desea un feliz Día Mundial de los Compañeros de Piso con un trillón de exclamaciones. Yo, lejos de sorprenderme o consultar a toda velocidad el calendario, sé perfectamente lo que celebramos hoy. Es cuarto jueves de noviembre, Acción de Gracias. Esa es la expresión que ha utilizado B. para felicitarme el día, pero para el caso es lo mismo.
En verdad, lo de los colonos e indígenas estadounidenses me importa bastante poco. A ver, que nadie se eche las manos a la cabeza: me parece súper bonito que los miembros de la tribu Wampanoag echasen un cable a los hambrientos colonos de Plymouth, pero tampoco voy a encender dos velas por ellos. Lo que me gusta de esta fecha es el hecho de dar gracias, como lo hicieron los primeros, aunque en mi caso no sea por una buena convivencia entre indígenas y colonos sino entre compañeros de piso, que no tendrá flechas y pistolas, pero no por ello es menos complicada. Nos preguntamos por el día y compartimos sartenes. Nos echamos miraditas mientras vemos la tele en el sillón y nos prestamos libros. Por eso había que crear el Día Mundial de los Compañeros de Piso para agradecer que todavía no nos hemos matado, con lo dura que es la convivencia.
B. se tomará esta noche un pollo a mi salud (o ya se lo ha tomado: cosas de la diferencia horaria, a estas horas irá por el quinto sueño), porque los pavos no son muy autóctonos de un sitio tan exótico como la isla de Reunión. Yo sí lo cenaré, aunque esta vez sea con S. y N., para quienes es su primer Acción de Gracias. También he escrito a D. y E. para felicitarlos igual que ha hecho B. conmigo, aunque ya no lo celebre con ellos. Los hubiese invitado si estuviesen aquí.
Todos, los de ayer y los de hoy, comprenden por qué celebramos Acción de Gracias en Madrid, tan lejos de Estados Unidos. Es el Día Mundial de los Compañeros de Piso, antes de que se le ocurra a un alto ejecutivo de El Corte Inglés o a un publicista de Ikea. La cena más especial del año para aquellos que tenemos familias con quien pasar Nochebuena, la otra cena más especial del año. Porque los compañeros de piso son, en cierto modo, nuestra otra familia. Vivimos de todo con ellos y lo hacemos durante casi los trescientos sesenta y cinco días del año. Me parecía muy injusto olvidarlos precisamente en Navidad, como si no fuesen importantes. Así que sirva Acción de Gracias para eso, dar gracias por compartir piso (y experiencias, y vida) con gente a la que queremos y que nos importa, y a la que ya tocaba dedicar un día del calendario. Aunque después del banquete nos matemos igual que hicieron los colonos e indígenas, lo mismo. Felicidades a todos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Que tengas un feliz Día Mundial de los Compañeros de Piso! El año que viene hay que celebrarlo sí o sí, me has convencido.

Lo más similar que he tenido a compañeros de piso han sido compañeros de campo de trabajo y lo cierto es inevitable acabarte relacionándote de una forma bastante especial con ellos, sobretodo en nuestro caso, que éramos sólo siete. Fueron pocos días y no hubo tiempo de que llegásemos a tener los conflictos típicos de compañeros de piso y aunque sí que había ciertas desavinencias, la convivencia fue agradable y muy enriquecedora. Para mí, fue una gran experiencia de la que guardo magníficos recuerdos.

Julia dijo...

Qué original.
Yo todavía vivo con mis padres, pero cuando algún día llegue a tener compañeros de piso me gustaría hacer ese tipo de cosas.

ana ryder dijo...

Feliz Thanksgiving para ti, Cronista. Imagino que sabes perfectamente lo que me ha gustado este post.

Rocy dijo...

Estos recuerdos son los que hay que mantener de por vida en la memoria. No todo el mundo los podrá tener :)