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Tengo la impresión

Los vascos son los bastos. Los gallegos, los indecisos. A los catalanes les toca tacaños, a los madrileños chulos y a los andaluces, vagos. Con semejante «prejuiciero» español, los valencianos podíamos sentirnos satisfechos por haber pasado prácticamente desapercibidos. Porque a pesar de chistes rápidos sobre bacalaos y pastilleros, nuestra fama era prácticamente nula. Ni buena ni mala. Ni fu ni fa. Una normalidad absoluta.
Hoy somos el ridículo de España, y la frontera de nuestras vergüenzas la ponen sólo los medios de comunicación. Si no, se hablaría de nosotros desde Valparaíso hasta Pekín, sin ser humano que comprendiese nada. ¿Por qué los valencianos votan a Camps? ¿Por qué revalidan la mayoría absoluta de un político imputado?
Ni el paisaje es como lo retrata la prensa, ni los valencianos hacen nada por su paisaje. Demasiados años vertiendo toneladas de hormigón, como para tumbar a golpe de titular lo que constituye el pensamiento (casi) único valenciano. En el juicio moral popular, los acusados no son culpables. O lo son, aceptamos regalo como hecho reprobable, pero entonces ocurre que no es para tanto. Podrían haber robado más, se dice. Qué pasaría si gobernasen los otros, repiten con miedo a países. Lo que diga un jurado de nueve personas importa poco cuando un millón doscientos once mil votos lo proclamaron inocente. Un inocente envenenado, de los de si lo ha hecho qué más da, pero absuelto como él quería. Las urnas no resuelven los pleitos de los tribunales, pero son capaces de socavar la moral y enaltecer el ánimo con más fuerza que cualquier fallo del tribunal internacional de justicia.
No se trata de si Camps salió inocente o culpable. Lo que duele es su aprobación popular, el aplauso a su mala praxis. La de la pompa y la tontería. La de los aeropuertos mausoleos y competiciones de la jet set. La de poco pan y mucho circo. Pero teníamos circo y pan, ahí lo extraordinario, pero el pan nos acabaría sentando mal y el circo nos hipotecó para que no pudiésemos comer ni curarnos. Lo último que perdimos fue el espectáculo. Hoy no tenemos ni eso.
Los valencianos son los nuevos andaluces de España. No sé cuántas veces he oído esa frase en el último año. Dicha con malicia hacia los valencianos, como si tuviésemos que avergonzarnos de ser como en el Sur, y más dañino hacia los andaluces, que se han cargado con nosequé fama injusta. Lo que sí nos hemos ganado nosotros, a fuerza de voto, es un gobierno de incompetentes que nos han llevado a la ruina mientras todavía sonaba la orquesta. No lo remediamos hace un año, en el momento de enviarlos al infierno. Ni seguro que los echaríamos hoy, si nos convocasen de nuevo a las urnas. Camps, o el que fuese, revalidaría su vergüenza. Ay qué malos son los otros. O serán, que no lo sabemos. Tonterías cuando lo único seguro es que los que están son malísimos y no hay manera de superarlos.
Pero algo está cambiando. Apenas se apreció en las últimas elecciones, pero la marea azul perdió un poco de fuego. Ya no era para tanto. Ganó, pero de menos. Como si ya no convenciese a tantos.
Tengo la impresión de que los valencianos despiertan del sueño. Ese que primero fue bueno y sin saber cuándo se transformó en pesadilla. Ya no les gusta (no nos gusta) lo que vemos y se empieza a levantar la voz. Basta ya. Chorizos, impresentables, malos gestores en definitiva, provocadores, seamos justos, de una Valencia que fue la envidia de España porque ni España ni Valencia supo hasta demasiado tarde el precio de su mentira. Quizá no los derroquemos en las elecciones de 2015. Ni tampoco salgan en 2019. Pero el descontento es cada vez mayor y la oposición -no la de los políticos: la del pueblo- crece a cada día que pasa. Silenciosa, discreta. Pero en alza. El pueblo valenciano es muy digno. Sólo es cuestión de tiempo que despierte de su letargo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya lo creo que es cuestión de tiempo. Mi madre cumplirá 60 años este año, calculo su esperanza de vida en unos 80 años si el Gran Hermano no seca su cerebro y me la arrebata antes.

20 años, entonces. Ése es el tiempo que necesita Valencia para quitarse de encima la mierda. Cuando la generación de mi madre muera.

Mi madre es una mujer sencilla, a la que no le gusta la inmigración pero que ha tratado a los inmigrantes con un respeto infinitamente mayor al que lo han hecho quienes se hacen llamar gente abierta y liberal. A la que no le gusta la opresión ni las dictaduras, pero que como no le faltó trabajo con Franco, no le pareció tan mal, y de las que recuerda que mientras Franco mataba a unos, la República mataba a curas y a monjas. También es una mujer que vivió en la Valencia del PSOE. Del País Valenciano, de la prohibición a cantar (y a tocar) el himno regional. Y no prohibieron las fallas de milagro. De la Senyera desnuda sin su franja azul, que nos otorgó Pedro II el Ceremonioso, junto con la doble L en el escudo, dejando bien claro que Valencia era dos veces Leal al rey, digna de portar la corona en su bandera.

Y como vivió todo eso, ella y todos sus coetáneos dijeron que ya estaba bien y que nunca más. A quien sea. Votarán a quien sea menos a Ellos. Y como son de mentalidad bipartidista, votarán al PP hasta el día de su muerte. Aunque debo reconocer que las cosas han cambiado. Mi madre no votó a Camps. Le di alternativas al PSOE, y al final me hizo caso (a lo tonto, tú eres el mejor representante de UPyD. Afíliate). Pero no todo el mundo es tan razonable como ella, hay gente que tiene la cabeza muy dura y que no va a cambiar de opinión.

Y entonces sucede la tragedia. Unos se han cagado y meado en Valencia porque saben que la tienen ganada. Otros no han luchado por ella, porque sabían que la tenían perdida. El resto de partidos no se ha rendido y ha intentado hacerse un hueco, y lo están logrando, tímidamente, pero ahí están. Haciendo política lo mejor que saben y les dejan. Pero mientras que la generación de mi madre sigue viva, hay pocas posibilidades de conseguir un cambio importante.

Lo que piense el resto de España me da igual. Yo no voté a Camps, yo condeno la corrupción. Y en Andalucía hay de todo, pero yo llevo varios años aquí y vivo muy bien. Y soy más perezosa que todos mis amigos juntos. Que le den a los tópicos.

Ah, feliz cumpleaños. Espero que tengas un día maravilloso y que este año que comienza para ti sea inolvidable. Que cuando pienses en tus 25 años dentro de mucho tiempo tengas cosas que recordar, que no sea un año vacío, una laguna en tu memoria. Tu mala memoria es famosa, pero que no llegue a ese extremo. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Te cuento un chiste que me contaron un valenciano por cierto de seguro ya lo habrás escuchado , pero me lo recordó tú primera parte de la entrada ..
En un bar están un valenciano, un catalán y un madrileño y se piden una cerveza... Las 3 cervezas vienen con una mosca el madrileño la vez y dice que se la cambien de una vez, el valenciano se toma casi toda la cerveza y cuando le queda dice que se la cambien, y el catalán agarra la mosca y la obliga a escupir lo que la mosca tomo.

jaja lo siento es que me lo recordaste, pero la verdad que los valencianos al menos para mi siempre han tenido buena fama de personas buenas alegres que siempre están bien con todo el mundo no sé si talvez esa fama se ha vuelto en su contra haciéndolos ver más bien como que nunca defienden lo que quieren y se dejan apaciguar por ciertas autoridades por el mismo carácter pacífico que tienen...Algo que no es malo pero tiene sus límites.


Adr.