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El antropólogo sentimental

Una tribu indígena amazónica abandonó el anonimato por una noche para protagonizar un programa de máxima audiencia en la televisión holandesa. El sensacionalismo de la telerrealidad se cebó con su ingenuidad del mundo externo y los acusó de infanticidas ante todo el público neerlandés. Los salvajes matan a sus recién nacidos enfermos, dijeron. Ni vacuna del neumococo ni hostias. Cuando un indígena tiene un problema, corta por lo sano.
Tras la emisión del programa, las organizaciones en favor de las tribus amazónicas levantaron sus pancartas impresas en cartón ecológico para tumbar teorías. Los indígenas no matan a sus niños, respondieron. Quizá haya habido algún caso sin importancia, añadieron a media voz, pero nada digno de mención.
Mientras activistas y productores tratan de ponerse de acuerdo, el gobierno brasileño avanza una nueva ley que obligará a que las tribus amazónicas avisen a las autoridades sobre posibles embarazos de riesgo. Vivan en el más absoluto aislamiento, pero toquen la campanilla si el niño viene del revés.
No sé si la ley es la confirmación de que los indígenas no le echan demasiadas ganas a los partos difíciles o una simple cuestión de salud, pero el debate no está aquí. Los activistas aseguran que las tribus respetan los derechos humanos mientras que la televisión holandesa dice que tururú. No se trata de a quién creer, sino ¿podemos exigirle a un pueblo aislado el respeto por unos derechos a los que nadie ha invitado a redactar?
Brasil y todos los países donde todavía viven tribus indígenas cuyos contacto con el exterior se limitan a una visita pacífica en 1952 tienen una labor difícil: proteger la imperturbabilidad de sus ciudadanos (aunque estos nunca sepan ni que pertenecen a un país) al mismo tiempo que garantizar el respeto de la ley (y de los más básicos derechos humanos) en sus espacios. El trabajo se vuelve imposible cuando sus tradiciones contradicen, como ocurre a menudo, los principios del civismo. Ni qué decir cuando atentan contra la vida.
¿Tenemos derecho a inmiscuirnos en sus costumbres en pos de unos derechos que ni conocen ni les interesan? ¿Qué es más importante, proteger una vida o un pueblo? ¿Se debe evitar un infanticidio o cualquier tipo de asesinato allá donde evitarlo podría significar el fin de una cultura cuya única posibilidad de subsistencia radica en su imperturbabilidad?

8 comentarios:

Cat Kraft dijo...

¿No publicas tu opinión porque no tienes una todavía o por ser políticamente correcto?

En mi opinión es lo mismo que ocurre con las tradiciones islámicas, todo el debate de obligar a las mujeres a usar el velo, los apedreos públicos y etcétera (aunque aquí es un tema más sensible porque están sobrepuestas las leyes y la religión)
En mi opinión, el cambio tiene que venir de los pueblos mismos: si creen en estos derechos... pues se moverán hacia ellos. Pero no creo que se deba imponer una legislación ajena si no forma parte del sentir popular, ni de sus tradiciones.

papalbina dijo...

qué ven mis ojos?? de verdad se te ha escapado un "ha" sin hache??

C. (@el_croni) dijo...

Síiiii!!! Gracias!!! Lo corrijo andando por la calle. Menuda vergüenza.

Estelwen Ancálimë dijo...

No creo que la cultura de ningún pueblo se base en hacerle daño a los demás, y eso incluye infanticidios, lapidaciones o lo que sea. La tradición y los derechos humanos pueden y deben andar de la mano, y no son excluyentes.

Keldor dijo...

La diferencia con la cultura islámica es que esta sí que convive con la occidental, mientras que en este caso indígena bien podrían haber seguido masacrando a los recien nacidos no válidos al más puro estilo espartano, de no haber ido allí la televisión y provocado la indignación de la audiencia neerlandesa.

Si dos culturas tan diferentes entran en conflicto, la minoritaria terminará desapareciendo frente a la mayoritaria tarde o temprano. Bien obligando a estos indígenas a erradicarla y aceptar la occidental (o de golpe, o gradualmente), o bien utilizando la fuerza (y masacrando de paso a los propios indígenas, que no será la primera vez que se cometen barrabasadas semejantes justificándolas como "en defensa del derecho a la vida". Y si de paso hay recursos que explotar, miel sobre hojuelas).

Ese conflicto intercultural acabará explotando también entre occidente y el islam. Todo el terrorismo islamista no es sino la parte más radical, pero el problema es el mismo (occidente es diferente, es el enemigo, acabemos con él). Pero terminará dándose también a gran escala, sólo es cuestión de tiempo. Porque los seres humanos, en definitiva, todavía no hemos aprendido nada.

Sopas dijo...

Creo que se puede llegar a un punto medio, no es exigirle que cambien radicalmente su forma de vivir porque eso sí sería extinguir su cultura, pero se les puede poco a poco introducir algunos cambios para su propio beneficio. En mi país, Perú, un gran porcentaje de la población amazónica está compuesta por las comunidades indígenas; estas a pesar de la intervención del gobierno para brindar algunos servicios (salud, educación, etc.) siguen conservando sus mismas lenguas, costumbres, creencias. Por ejemplo, en algunas comunidades las mujeres daban a luz paradas por lo que se registraba un alto número de mortalidad neonatal y obviamente ninguna asistía a las postas médicas por lo extraño y nuevo que les resulta; así que se optó por que los médicos practicaran los partos con las mujeres en pie y funcionó, claro que al inicio ellos tuvieron que ganarse la confianza de los nativos.

No solo en esta parte del Perú se contrastan las costumbres porque, dando otro ejemplo, en la sierra, en la ciudad de Ayacucho que no está muy lejos de Lima, se tiene la creencia de que en semana santa al morir Jesús el viernes, dios ya no ve nada y se puede pecar, pero solo hasta que le hayan cubierto los ojos a la imagen del Jesucristo muerto. Es una interpretación diferente de la que se tiene en la costa y supongo que en otros países también, no obstante uno se pone a pensar como estas ideas han podido conservarse desde que los españoles empezaron a evangelizar a los “indios”.

Y así como estas, también hay creencias que pueden atentar contra los derechos humanos, pero me sería un poco incómodo describirlas. Solo hay que recordar que ante nuestros ojos puede verse inhumano pero para ellos es algo normal, los raros somos nosotros.

Anónimo dijo...

Ufff pues que difícil pregunta nos has hecho con esta entrada , la verdad que no te podría decir si en pro o en contra.
Si nos ponemos a pensar el intrusión de las culturas modernas a las civilizaciones indígenas no es un tema de ahora es un tema de siempre, muchas culturas se han destruido por esto y bueno que más que el mayor ejemplo de los españoles a América.Apoyo el hecho de que se conserve una cultura porque en algunas países podría ser lo más importante para ellos como los aztecas, Incas etc , pero hasta que punto es mejor conservar una cultura a costa de sacrificios humanos , que aunque lo desmientan saben que estas culturas es bien frecuente quizá ya no tanto los sacrificios a dioses pero yo si creo que maten a niños por alguna deformidad recuerden que para ellos una deformidad o enfermedad es una señal de mala suerte.
Siento que hasta cierto punto te vasa los extremos porque pones dos opciones o se deja ahí que sigan matando niños o eliminar la cultura y siento que las cosas no son solo blanco o negro ,se les puede enseñar ciertas costumbres que no atenten tanto contra la vida humana, y que sigan el resto de costumbres como ellos las deseen, no necesariamente se va a acabar la cultura porque les digas que manden esos niños a un hospital, y es cierto que ellos no cuentan con un celular o servicio de autobuses pero eso es algo que se tiene que hacer cargo el estado mandar periódicamente personas a supervisar estas cosas pero bueno es mi opinión.

Y pues como dice cat me viera gustado saber tú opinión ^^


Adr.
Slytherin

ana ryder dijo...

Es el eterno debate que teníamos en la facultad. Personalmente, no albergo dudas de que el derecho a la vida está por encima de la supervivencia de cualquier cultura.