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La mención prometida

No os vayáis a pensar que me paso el día hablando del blog. De hecho, procuro incordiar lo menos con el tema, porque las pocas veces que le digo algo a alguien al respecto me salta con un «Ya lo he leído en tu blog» que me deja desarmado. Está bien. Lo acepto. Por eso estoy acostumbrado a que la gente que me rodea no entre a Crónicas Salemitas aunque les vaya la vida en ello: porque así puedo discutir con ellos los temas que escribo en el blog sin miedo a que me digan que ya saben lo que opino. Procuro sacar ventaja a las adversidades.
Existe otro prototipo de lector: el que se cree que todas las entradas van referidas a él. A ver, no es que pequen de egolatría, sino que les gustaría salir de vez en cuando, como cuando me refiero a mis amigos con las iniciales o los dibujo en las viñetas. Y de toda la gente que me rodea, ninguna es tan insistente como C. Esta vez ni siquiera voy a emplear una inicial. Voy a llamarla por su nombre, al menos como yo la llamo cariñosamente. Me refiero a Cheles, mi hermana.
Cheles había oído hablar alguna vez de mi blog, pero no se interesó por él en sus casi cinco años de vida. Fue hace unos meses, y sólo porque una amiga le pidió que le recordara la dirección, cuando no le quedó más remedio que llamarme y preguntarme, no sin cierto fastidio, cómo era la web. Esta amiga recordaba que el blog estaba bien. Mi hermana había sobrevivido toda su vida sin conocer Crónicas Salemitas y pensaba mantener su rutina inalterable.
(Los que sí visitáis el blog desde el principio os estaréis relamiendo porque cuento una anécdota privada. Ya puedo escribir mil entradas de política, literatura, música o viajes, que ningunas os entusiasman tanto como las de mi vida personal. Os doy por perdidos).
Sin embargo, esta vez Cheles sí visitó el blog y empezó a cogerle el gusto. De repente me llama para preguntarme qué he fumado que me riñe por burlarme de sus ídolos de la infancia. No todo son broncas: también me escribe entusiasmada porque le ha gustado un artículo y se lo recomienda a todo el que la quiera escuchar. Hace unos meses tuvimos una conversación surrealista por un artículo que ni siquiera recuerdo:
Cheles: Me ha encantado la parte en la que me mencionas.
Yo: ¿Que te he mencionado yo? (risas) Me temo que te equivocas. No me refería a ti con esas iniciales.
Cheles: Claro que sí, tonto. Soy yo. Estoy convencida.
Yo: Cheles, a ver cómo te explico esto sin herir tus sentimientos: contaba una anécdota en la que tú no estabas ni tienes nada que ver, así que es imposible que me refiera a ti. ¡Por no mencionar que las iniciales son de otra persona!
Cheles: ¿¡Tanto te cuesta mentirme y decirme que soy yo!? ¡Así estoy tan contenta! Pero no, el señorito tiene que decirme la verdad, claaaaaro, no va a mentirme aunque sea por darme satisfacción y me mencione aun de mentira en su PUÑETERO BLOG. (La última frase tiene bastante de mi invención, pero me gusta imaginar que golpea la mesa con el teléfono para cortar la comunicación).
De todas las dificultades a las que me he enfrentado como autor de este blog, contentar a mi hermana está entre los puestos más altos. Antes ni se le ocurría entrar; ahora lee hasta la última coma e invita a sus amigos a que lo hagan. Por no mencionar las indirectas y directas diarias para que la dibuje, ya sea en persona, por teléfono, mensaje privado o WhatsApp. «Quiero mi dibujo para Navidad.» «Quiero mi dibujo para Reyes.» «Quiero mi dibujo para Fallas.» «Joder, Pablo, ¡QUIERO MI DIBUJO YA!» Yo le digo que Crónicas Salemitas tiene lectores muy raros y que lo mejor es que nadie sepa de su existencia (seguro que por sus diálogos os habéis imaginado una quinceañera pero no, qué va. Cheles es unos cuantos años mayor que yo) pero no se da por vencida. Es tan cabezota como yo.
Aunque me haga el duro y todas esas cosas, no os vayáis a pensar que no la quiero. Estos días, además, la he recordado a cada momento porque leía uno de sus libros favoritos, basado también en una de sus películas favoritas: La princesa prometida de William Goldman. Sé que hace años que me lo recomendó pero la ignoré de la misma forma que ella ignoraba el blog. Además, leerlo hubiese supuesto saltarme una de mis LEYES BÁSICAS DEL LECTOR, la que prohibe leer un libro después de ver la peli. También pensé que su devoción por el libro era más consecuencia de haberse criado en los ochenta que por auténticos méritos literarios. Eso por no mencionar que los gustos de mi hermana no tienen nada que ver con los míos y pensé que hacerle caso hubiese supuesto, lo admito, rebajarme.
Lo que pasó es que en febrero cumplí los veinticinco y nadie hizo ni caso de mi petición (qué digo: ley) de no hacerme regalos. Y mi hermana no me regaló un libro, qué va, como no lo hizo la mayoría. Tuve que oír una vez más esa frase manida que me saca de quicio: «Es que como tienes tantos libros me pareció que te gustaría otra cosa.» Yo sonrío con educación y acepto los calcetines, pisapapeles o macetas de rigor. Lo que me gustaría decir es: «Si tengo tantos libros es porque me gustan y adoro que alguien piense: "¡Oh! ¡Adoro este libro! Se lo voy a regalar." Pero en su lugar me regaláis calcetines. Si me gustasen los calcetines tendría muchos, ¿es que nadie se da cuenta? Quizá sería la única forma de que nadie me regalase unos aburridos calcetines porque, mira por dónde, pensaría eso de: "Es que como tienes tantos calcetines me pareció que te gustaría otra cosa." y quizá, con un poco de suerte, me regalaría un libro, que es lo que de verdad me hace ilusión.» Por eso mi ley de no hacerme regalos.
Sin embargo, en mi último cumpleaños alguien acertó. D., S. y N. no sólo me regalaron un cedé de música que no he parado de escuchar en mes y medio, también me dieron un libro. Y ese libro, bingo, fue La princesa prometida. Antes de que mis prejuicios diesen la alarma, S. se explicó: «Es un libro que cualquier persona tendría que leer.» (también dijo más cosas pero no vienen al caso).
Le di una oportunidad. Por un lado, el único antecedente de leer el libro después de la peli no había estado nada mal. Y segundo, pero no menos importante: es que ni siquiera estoy seguro de haber visto la película de principio a fin. De hecho, cada vez estoy más seguro de que no. Así que no tenía excusa para no leerlo.

Lo que escribiría a continuación sería una apasionada crítica del libro de Goldman, un relato de aventuras que ya he empezado a regalar (prueba de lo mucho que me ha gustado. Otros libros que suelo regalar son Matar a un ruiseñor, Las uvas de la ira o Luces del Norte porque no es tan fácil que la otra persona los haya leído, pero La princesa prometida tiene el plus de que además transmite un buen rollo que no tienen los demás). Lo recomendaría aquí y seguiré recomendándolo por mucho tiempo, y prestaré más atención a los libros que me sugiere Cheles, pero prefiero no perder ni un minuto más así. Porque esta, después de todo, es una entrada prometida y a mi hermana no le interesa tanto lo bueno que es Goldman con la pluma sino que yo la dibuje de una vez. Por eso, hermana, este dibujo es para ti. Aunque no le importe un comino al resto:

10 comentarios:

Anónimo de las 20:35 dijo...

:) Porque eres mucho más cercano, entrañable, amable y humano cuando hablas de ti que cuando hablas de lo demás. Porque cuando entramos y comentamos te damos un poquito de nosotros mismos. Yo, al menos, lo intento las pocas veces que comento. Es bonito cuando nos haces un guiño y nos muestras a Pablo, al chaval con el que nos gustaría tomar un café o encontrarnos en una librería.

Estoy segura de que a tu hermana le encantarán la entrada y el dibujo. Y espero que comente :).

He visto la peli, pero no he leído el libro y ahora mismo tengo mucho pendiente. Quizá algún día me lo compre e imagine que ha sido tu mano quien me ha obligado a comprarlo. Un saludo.

Príncipe Zafiro dijo...

Quien ha leído el libro sabrá que ésos son los protas del libro, incluído el español Íñigo Montoya, inmortal héroe español.

Buena entrada, pero ¿y tu comentario del libro? Me gustaría saber qué te ha parecido.

Un saludo

Príncipe Zafiro dijo...

Buena entrada, y buen libro, con un gran estilo y gran historia. Sin duda has dibujado a los protagonistas del libro, el trío calavera. No recuerdo todos sus nombres, pero guardo cariño a Íñigo Montoya, por ser el prototipo de español con ritmo latino y valiente como un león.

Lo de incluir a tu hermana está bien, pero ¿para cuándo un comentario de la obra? Espero impaciente.

Un saludo.

Enrique dijo...

Que tu hermana sea muy fan de tu blog - cosa, por otro lado, que tiene mucha lógica; tiene buen gusto, además - sólo puede significar que lo siguiente: Adiós a la tranquilidad de las comidas familiares.
Espero que no publiques nada comprometedor porque igual un día, por ejemplo, en Navidad, tu hermana comenta: Pues sobre ese asunto Croni tiene mucho que decir.
- ¿Qué?
- Sí, el otro día pusiste en la entrada tal esto y bla, bla, bla
(Alguien se atraganta)
- ¡Te quito de la herencia!
Obviamente todo esto es una broma y también mucho atrevimiento por tu parte; sobre todo teniendo en cuenta que hablo de una persona que no sólo no conozco sino que tampoco conozco su nombre, tan solo un apelativo cariñoso. Desde aquí mis disculpas anticipadas.
Aún así, creo que posiblemente es algo que algunos hemos hecho y otros harán alguna vez; es decir, comentar alguna de las cosas que hemos visto en las redes sociales. Es un recurso alternativo del ya muy manido <<¡la que esta cayendo por estas fechas>> y también del comprometedor <<¡qué mal lo está haciendo la presidenta/el presidente!>>. Muy legitimo todo, sí... excepto cuando es algo comprometedor.

NoNii dijo...

Que entrada más original dedicada a tu hermana ^^
Hacia tiempo que no me pasaba por aqui :S
Pero aparte de tu monologo contandonos toda la aventura me ha hecho mucha gracia el dibujo :)
Un besito, nos leemos.

ana ryder dijo...

Es una entrada MARAVILLOSA.
Sencillamente, me ha encantado y coincido completamente con el comentario de anónimo.

Rocy dijo...

Seguro que a tu hermana le sale una sonrisa mientras lee esta entrada :)

Me tendré que leer La princesa prometida. Lo tengo por casa, pero nunca me decido a leerlo. Sobre los otros que has nombrado, el primero de LMO no me gustó mucho, no sé si fue porque a mitad de la lectura fui a ver la peli y no me gustó, o porque el libro no estaba destinado a gustarme. Nunca lo sabré.

Babieña dijo...

¡Es que estas entradas de vida personal son tan sacadoras de sonrisas!

Julia dijo...

Iba a escribir un comentario más largo, pero solo quería decir lo mismo que Anónimo y ana ryder.

Anónimo dijo...

vaya , que no sé si deba comentar entradas pasadas... pero ya te había dicho que en tú tiempo de ausencia me dedico a leer las entradas pasadas ...
Y me encanta que tus entradas las tengo que comentar leyendo de nuevo la entrada , porque tengo tantas cosas a decir que se me olvida igual que la entrada a hlblog de ahora XD.

Bueno ya comenzando con el tema, sabéis que esas personas que siempre creen que hablan de ellas es un tipo de personalidad llamada paranoide , y no penséis que hablo de Cheles , pero si pasa mucho encontrar personas así y que difícil resulta explicarles que no es de ellas que se habla siempre, aunque si admito al menos a la manera en que lo cuentas , que siento que fuiste un poco duro con ella XD , pero vale que no conozco la personalidad de cada uno XD. Y pues bueno como dicen que nadie es profeta en su propia tierra , y cualquiera pensaría que que tus familiares y amigos están pegados al blog como muchos que están a miles de kilómetros de ti, y que por lo contrario como Cheles con costo sabían que tienes un blog , aunque tampoco te puedes quejar si tú tampoco le haces mucho caso pero lo divertido al final los dos terminaron cediendo , ella ahora super fan de tú blog y tú leyendo recomendaciones literarias de ella me causo gracia.

Y pues cierto que para que decir que no si si las cosas personales les interesa más a las personas que lo demás, y eso es algo que viene de la naturaleza del ser humano, si mirá por algo existe facebook no XD o los paparazzis esa naturaleza le da de comer a muchas personas no se podría vivir sin ella xD.

Adr.
Slytherin