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La verdad sobre @EstherVilla

Hace cinco días, en una librería cercana a la calle Princesa, se me acercó una joven treintañera a la que no había visto y a la que, sin embargo, tuitconocía desde hacía tiempo.
—Soy Esther —dijo a modo de presentación. Esta vez le bastaron los ciento cuarenta caracteres de siempre. El círculo se cerró por fin. El fantasma huyó de Twitter, tomó cuerpo y se paró ante mí para verme la cara. Esther Villa, @EstherVilla, tenía todo el derecho del mundo a ponerme contra las cuerdas. Porque el origen de nuestra historia es una broma que se me fue de las manos y que tenía como objetivo la mujer que vino hasta el centro de Madrid a buscarme.

El origen se cuenta en tres partes:
La primera, que hace tiempo decidí no seguir a nadie en Twitter (y ya expliqué mis motivos en Tengo un Twitter pervertido. Un año después me reafirmo palabra a palabra).
La segunda parte es una contradicción con la anterior, pero se explica de un modo sencillo: me encanta reírme, aunque sea con el motivo más estúpido del mundo. Durante un tiempo, cuando mi lista de seguidos estaba en blanco, recibí la misma petición de varias personas: «Sígueme a mí. Como no sigues a nadie más, me subirán un montón los followers». Yo me remitía a la entrada anterior y les decía que de ningún modo, que abrir la veda significaba abrirla con todos, y que eran unos ingenuos tremendos si creían que yo tenía la más mínima influencia para hacer crecer los seguidores de nadie. ¡Ja! ¡Ya quisiera! Pero seguían con lo mismo y fue entonces cuando decidí tumbar su teoría con una demostración práctica: seguiría a una sola persona y le daría toda la publicidad posible. Cuando los demás comprobasen que mi followeado seguía siendo el anónimo de antes, se cansarían y no me pedirían nunca más que los siguiese. El problema estaba en a quién seguir y por supuesto, mis amigos estaban automáticamente descartados (si yo no quiero tuitear cuándo estoy en este restaurante o aquel cine, ¿cómo iba a retuitear a un amigo que lo dijese por mí?). Tenía un buen puñado de seguidores a quien elegir, pero no sabía por quién empezar. La mayoría de mis lectores vienen de HarryLatino, el propio y blog y, últimamente, como consecuencia de viñetas políticas. No me entusiasmaba la idea de elegir entre ninguno de los sectores. Guardé mi proyecto en el cajón por unos meses más.
Entonces llegó diciembre y la presentación del último disco de La Casa Azul. H. y yo fuimos hasta la sala Sirocco a escuchar los nuevos temas, nuestro sitio era horrible y yo maté un minuto tuiteando una foto del escenario en la que no se veían ni las zapatillas de Guille Milkyway. No sé si La Casa Azul fue trending topic o si lo fue el compositor, pero en ese concierto había una persona con curiosidad por leer lo que tuiteaban los demás. @EstherVilla leyó mi tuit (creo que dije algo así como «Es el único concierto que me quedaba por ver»), le gustó y me followeó. @EstherVilla no había llegado a mí por ninguna web en la que participo. Estaba en blanco sobre mí. No había visto nada que pudiese contaminarla. Era la persona perfecta a la que followear, justo lo que yo estaba buscando.
Primero la seguí. Después (por si nadie se había dado cuenta) manifesté públicamente que era la única persona a la que seguía en Twitter y, a partir de ahí, respondía prácticamente a cada cosa que escribía y retuiteaba todos sus tuits. @EstherVilla no necesitó mucho tiempo para comprender que algo pasaba pero ¿qué podía hacer? ¿Lo mío podía considerarse acoso cibernético? ¿Era conveniente denunciar a la Guardia Civil?
Nada de eso. @EstherVilla no sólo se tomó con naturalidad toda la atención que le dedicaba, sino que aportó su nota de humor: si yo estaba de broma, ella no se iba a quedar de brazos cruzados. Estaba desconcertada, pero no desaprovechó la ocasión. Demostró tener lo último que le hubiese pedido a mi víctima, humor. Y yo no podía estar más agradecido. Si la broma hubiese molestado, tendría que haberla frenado en seco.
Durante semanas, @EstherVilla fue el centro de todas mis atenciones. Leía cada uno de sus tuits, aconsejaba a todo el mundo que la siguiese (por cierto: sus followers crecieron muy poco. Teoría demostrada) e iba descubriendo poco a poco rasgos de su personalidad. Su aspecto era un completo misterio guardado detrás de su avatar. Supuse que vivía en Madrid, pero no podía confirmarlo.
Luego la dejé de seguir y seguí mi broma por otros lares. Primero seguí a todos los David que encontré, después a nadie, y por último me pasé a la @masaenfurecida, con quienes sigo. Pero @EstherVilla no me traicionó y sigue leyéndome hasta ahora. Es una fiel retuiteadora y admito que entro a menudo a leer lo que escribe por lo-que-fue.
Cuando publiqué mi versión de Pulgarcito, sabía que llegaría el día de presentarlo. No tenía ningún interés hasta que caí en una posibilidad: con un poco de suerte, @EstherVilla se animaría a venir a la presentación y podría conocerla. Sin embargo el acto no se hizo con el lanzamiento, me metí en mil líos y olvidé mi vieja aspiración. Mi deseo regresó la mañana del acto, cuando mi vieja followeada escribió que «a lo mejor» vendría. Desde ese minuto mi atención estaba en la puerta de la librería, esperando verla.
Durante toda la sesión con los niños creí que era una mujer joven sin compañía. Podía dar el perfil. Además, cuando me pidió que le dedicase el libro, no le pregunté su nombre, sino para quién era. Carmen podía ser su sobrina, ella tenía que ser Esther. Estuve a punto de escribirle una broma junto a la firma.
No era ella. Esther Villa, la misteriosa @EstherVilla, llegó al terminar la función. Mis testigos comprobaron que es cierto, que existe, que no en ningún alter ego que me he inventado para la red como se insinuó. Era auténtica y encantadora, una valiente por ir hasta la librería y presentarse, una mujer con mucho sentido del humor y buena conversación. No habría encontrado una opción mejor.
—Soy Esther —dijo a modo de presentación.
Esta es la verdad sobre @EstherVilla.

6 comentarios:

Rocy dijo...

Te ha faltado decir "quiero que J venga a todas las presentaciones que haga de libros infantiles" ;)

Enrique dijo...

¡Que forma más curiosa de empezar una amistad! Un punto más para ganar el premio al <>. ^_^

ana ryder dijo...

Internet bien utilizado es maravilloso. :)

Esther dijo...

Para mí ha sido un honor que @el_croni me siguiera durante un tiempo en el que, curioso al principio, y divertido después, he podido conocer a una persona genial y que me hace pasar unos momentos divertidísimos con sus viñetas, entradas de blogs y tuits.
Eso sí, algún día contaré yo mi versión de la historia ... jeje

Por cierto, yo quiero esa foto!!! ;-)

Eli dijo...

Que bien! :) A mi también me gustaría conocerte Croni algún día, aunque cuando te diga Hola! Soy Eli...te vas a quedar...ehhh ok! XD no comento cada tweet que haces...uno que otro comentario ocasional..!
Lo que si definitivamente va a pasar es que voy a seguir a @EstherVilla... *follow...listo ya la sigo :)
Saludos
Eli
Venezuela

María dijo...

¿nadie te ha dicho nunca que es de mala educación dar unfollow?