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Palabrita de The New York Times

Vivo en un sinvivir: soy adicto a la prensa digital española (visito elmundo.es y elpais.com tantas veces al día que me da vergüenza admitirlo), me entero de las noticias por el «Última hora» o «Urgente» de arriba, y las suelo leer cuando todavía tienen los comentarios a cero. Soy un lector responsable (me trago los anuncios de sus videos incluso cuando birlan videos de YouTube de los que no tienen derechos. ¡Ay, qué pillines!) pero me temo que mi fidelidad pende de un hilo. No sé si la prensa contagia el pesimismo a los españoles, o si son los españoles los que se lo contagian a la prensa, pero ya no se toman en serio ni ellos.
Me fascina la admiración que nuestros periódicos sienten por la prensa internacional. La prensa internacional no es un periódico con ese nombre, al contrario de lo que pueda parecer con titulares como «La prensa internacional dice» o «La prensa internacional alerta de». La prensa internacional no es otra cosa que la suma de todos, como Hacienda, e igual que la Hacienda, la prensa internacional son todos pero unos más que otros. Vamos: que cuando los periódicos patrios hablan de la prensa internacional, se refieren a los periódicos que les interesan. Cogen los titulares de los dos o tres diarios que les dan la razón (o que pueden provocar el sensacionalismo que buscan) y le dan autoridad de Enunciado Mundial Comprobadísimo. Los periódicos españoles nunca escriben «la prensa internacional dice» para sostener algo con lo que no comulgan, ¡estaría bueno! No no, nuestros periodistas sólo acuden a la prensa internacional cuando les conviene reafirmar su línea editorial, cuando llevan semanas dándonos la traca con su monotema y consiguen que el diario de Nueva York o la gaceta de Berlín les dedique una columnita en la novena página de la sección de Internacional. Entonces se dan por satisfechos: da igual cuál sea la realidad de la ciudadanía española, que si The New York Times lo dice, es palabrita de The New York Times: eso se aplica a nuestros líderes, paro, economía y hasta gastronomía. Porque ya pueden decir Arzak, Adrià y nuestra abuela cuál es el mejor restaurante de España, que si la prensa internacional elige otro, nos callamos y aceptamos el designio mundial. Por algo es la prensa internacional.
No sé cómo tendríamos que imaginarnos a la prensa internacional, pero en lo referente a España, no tiendo a hacerles mucho caso. Cómo se lo voy a hacer, si nuestros periódicos tienen plantillas con decenas de periodistas dedicados a nuestros asuntos, y la prensa internacional tiene, si es que se lo puede permitir, un pobrecito periodista asentado en Madrid para cubrir toda la información nacional y escribir algún articulillo cuando su jefe de redacción lo mande. En ninguna cabeza cabe que un corresponsal en país extranjero sepa más de la situación que cincuenta periodistas que juegan en casa, pero en España, que nos queremos tan poco, aceptamos eso y mucho más. Ya podemos hablar de lo desgastado que está Rajoy, que tienen que venir The Guardian y The Telegraph para demostrarnos que lo está de verdad. A ver quién se supone que le ha contado la historia a los corresponsales extranjeros: pues nosotros mismos, así que estamos en el mismo punto que al principio. Para enterarme de la realidad española no necesito la prensa internacional a menos que quiera saber hasta qué punto los vecinos están al tanto de nuestro circo, pero de ahí a tomar el circo que cuentan como si fuese nuestra realidad hay un trecho. O si no recordad el reportaje fotográfico sobre la España de la crisis que publicó The New York Times. Si esa es la prensa internacional de la que nos tenemos que fiar como revelación de la Virgen, yo apostato de estos medios.

Mi desencanto con la prensa internacional cuando habla de nuestros asuntos había llegado a mínimos históricos. Hasta que el último año. Entonces descubrí que los periodistas patrios no sólo utilizan a los extranjeros para reafirmar sus titulares y darse palmaditas en la espalda, sino que han encontrado una excusa perfecta para contar lo que no se atreven a contar. A ver cómo me explico: como hay ciertos asuntos que no está bien que publiquen los periódicos españoles (¡censura en el siglo XXI! ¿De qué estamos hablando?), por los compromisos y presiones de siempre, nuestros periodistas, que están un poco hasta las narices de los bozales de oro y que no van a dejar pasar noticias jugosas de las que venden periódicos con la que está cayendo, reinventan el «la prensa internacional dice» y lo convierten en «mira lo que dice la prensa internacional, porque yo no tengo huevos». Un ejemplo práctico:
—Redacción de turno. ¿Diga?
—Mire, soy la Casa Real. Esto que habéis publicado no nos gusta y...
—¿Nosotros? Qué va: lo ha publicado la prensa internacional. Lo único que hemos hecho ha sido informar de lo que otros han dicho.
Los tentáculos del Rey llegan lejos, pero The New York Times se le queda grande. Y no es que la prensa internacional no haya publicado lo impublicable hasta ahora (una revista italiana publicó fotos del Rey tomando el sol en pelotas, fotos que no llegaron a España por la censura autoimpuesta y menos mal), sino que ahora nuestros periodistas, que son un poco cobardes cuando se trata de reyezuelos e infantas, empiezan a perder el miedo a contar lo que otros cuentan, porque ellos no se atreven a contar. Porque quién iba a saber mejor de Corinna que los periodistas españoles, pero se hacen los locos y fingen que se enteran por la prensa internacional, como si la prensa internacional no bebiese de lo que nuestros periodistas cuentan off the record.
La primera vez que se habló en España de la amiga entrañable del Rey, se utilizó a la prensa internacional como excusa. Nuestros periódicos y revistas lanzaron a la portada los titulares extranjeros, escandalizadores, pero no tuvieron valor de firmar ningún dato con su nombre. Corinna no es la única afectada de este mal de la prensa extranjera: hace poco, la prensa española publicó que la prensa extranjera publicaba que la prensa española sufría presiones de parte de la Corona por el caso Nóos. A ver, que no ha quedado claro: nuestros periodistas dicen que los periodistas extranjeros dicen que los periodistas españoles (¡o sea, los primeros!) sufren presiones. Simplifiquemos: es como si yo publico en el blog que el blog Mendrugo publica que el blog Crónicas Salemitas sufre presiones por parte de un tío con corona. A ver: ¿y por qué no digo directamente que las sufro yo? Ah, claro: por la censura autoimpuesta. Si digo que la corona me presiona, se me cae el pelo. Pero si lo dice otro, yo siempre puedo escurrir el bulto, pero ahí dejo la duda para quien la quiera.
El síndrome de la prensa internacional está llegando a cuotas extremas. Si tengo que informar a un periódico extranjero de cuál es la realidad, para contarla de su parte, este periodismo se va a la mierda. Así no nos los vamos a creer. Tampoco nos engañemos: con esta actitud, el recorrido de la monarquía española puede ser muy corto. La esperanza de vida se les ha reducido en unos cuantos años, y de ellos depende perpetuarse o morir. Están viviendo sus horas más bajas. Mucho se habla últimamente de la Transición pendiente de la corona. Esta transición tampoco le iría mal a nuestros periodistas, para que se libren de una vez de las correas de los de arriba. Así seríamos todos un poquito más libres. Lo dice la prensa internacional.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que paren las rotativas, ¡Crónicas Salemitas ha vuelto!

Anónimo dijo...

Se de buena tinta que ademas de todo lo dicho la Casa Real ponía en la lista negra y denegaba acreditaciones como no se cumpliera lo que tu llamas censura, como el día que la princesa Letizia tuvo un descuido y se le vio la ropa interior, las agencias que se lucraron con esas imágenes fueron castigadas sin sus pases a varios actos.

Meztle dijo...

Realmente considero que un cambio (o transición de la monarquía) es necesario pero lo que debe de cambiar es la mentalidad de aquellos que estan dando la información. ¿De qué te va a servir el cambio si en vez de un mail de la monarquía quién te ponga a temblar sea un mail de la presidencia, del senado, o del poder X que este al mando?

Tal vez solaparse con lo de "la prensa internacional" es un comienzo (tonto, pero un comienzo)...