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Cuatro años en Madrid

Quizá porque uno no elige el día que nace, vivo con más ilusión mis aniversarios madrileños que los cumpleaños. Yo decidí venir aquí, yo asumí las consecuencias. Hoy cumplo cuatro años en Madrid y no me pongo de acuerdo sobre si es un montón de tiempo o nada. Lo único seguro es que quiero seguir en la ciudad. No todos pueden decir que viven en la ciudad en la que querrían estar, la ciudad en la que querrían morir. Si me tengo que morir, que la Parca me pille en Madrid.

Todos los «madridversarios» dibujo una historieta para recordarlo. El primer año publiqué una trilogía, el segundo año escenifiqué mi apocalipsis ideal (lo que sea, pero en Madrid) y el tercero, vaya, coincidió con que el blog estaba cerrado. Como me apetecía celebrar mi «madridversario» de todos modos, dibujé una historieta que sólo salió en la cuenta de Facebook y Twitter. Por eso la publico ahora aquí (y también porque este año no tengo tiempo para dibujar nada, pero esperad al lustro madrileño, esperad...). Mientras tanto, gracias a todos los que habéis hecho de esta ciudad la mejor del mundo. No iba a ser por Cibeles, idiotas. Es por vosotros.


Crímenes peores

Hace un par de meses, entre movimientos de sobres y chismorreos ducales, una noticia de peso pasó sin pena ni gloria. La medioprotagonizaba Angelina Jolie, actriz, que todavía será uno de los personajes del año por una causa ajena a su carrera cinematográfica, pero tampoco por esta. No, lo de su operación de pecho fue después, y no tiene nada que ver la noticia que se escurrió entre chorizos. De lo que habló la primera vez fue de violaciones en conflictos bélicos. Es muy posible que no lo recuerdes. Estamos a cosas mucho más importantes.
Las guerras sacan lo peor de cada pueblo. Se roba, se mata y a veces, por qué no, se viola. La agresión sexual se acepta como un problema inevitable de los conflictos, cuando la realidad es que es un simple capricho de los criminales, que aprovechan el caos para practicar la depravación.
Sería ingenuo pensar que las violaciones no tienen nada que ver con las guerras, pero no es así: los hay que violan a niños y mujeres aprovechando el descontrol y la ausencia de ley, pero en muchos casos estas violaciones son un arma más del conflicto, cuando los combatientes las emplean para humillar y destruir, como quien coloca una mina antipersona en lo más profundo de su enemigo. Los violadores lo hacen a veces por iniciativa propia, otras por orden de su superior, en un afán de llevar un paso más la destrucción de la guerra. Lo hemos visto en el mundo desde que nos alcanza la memoria: pueblos donde no quedó un hombre en pie, pero todas las mujeres tuvieron que cargar en su útero un hijo de su enemigo. También hay lugares, en la misma Europa contemporánea, donde las mujeres hubiesen deseado la suerte de las que murieron, porque por lo menos no tuvieron que malvivir con las consecuencias psicológicas de las violaciones de sus enemigos. Seguirán heridas de mente por mucho tiempo. También los republicanos violaron a monjas en la Guerra Civil, y los nacionales hicieron lo propio con las «rojas» porque, total, no les iba a importar siendo tan frescas. Repugnante todo.
Mientras tanto, la relatividad internacional ha hecho siempre la vista gorda con este tipo de crímenes y ha actuado con una alarmante pasividad, tratándolos de falacias en el peor de los casos y de «trastadas» en los más positivos. No iba con la guerra, punto. La concepción de violación de guerra es la misma desde la antigüedad, restándole importancia y separándolo de los crímenes de guerra comúnmente aceptados. Pero como Angelina Jolie dijo en su discurso ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, no son hechos ajenos. Merecen la misma persecución que cualquier otro crimen de guerra. Su fin no es ni más inocente ni menos destructivo, y flaco favor hacemos a nuestra especie, a nuestra dignidad humana, si no llamamos a estas violaciones por su nombre. La actriz, alineada con Acnur, la agencia de la ONU para refugiados, consiguió el apoyo por unanimidad a su propuesta de equiparación de crímenes. Que nadie se permita dudar al respecto, ni que una violación se persiga con menos ímpetu que cualquier otro crimen de guerra, porque puede ser tan nociva o más que el arma más peligrosa. No son acontecimientos accesorios: las violaciones de guerra son una estrategia bélica monstruosa que no puede quedar impune. Estas son las noticias que pasan sin pena ni gloria por la televisión, pero que significan mucho más que las trivialidades que nos angustian a diario.