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Alegato a la dignidad

No paro de escuchar que Madrid recupera la dignidad. Lo mismo con Barcelona, Valencia y un montón de ciudades que desde las últimas elecciones se han sumado al cambio.

En verdad, ni Madrid ni el resto de ciudades fueron nunca indignas. Indignos fueron sus dirigentes, una vergüenza (en muchos casos) para los lugares donde gobernaban. Pero nunca me he sentido avergonzado de ser de donde soy, aunque me hubiese gustado que las cosas fuesen de otro modo.

Tampoco siento que España haya perdido la dignidad, ni me avergüenzo de ser de aquí, por mucho que me aleje de quienes mandan. Los que han perdido la dignidad tienen nombre y apellidos, pero no conseguirán que me avergüence de una bandera, ya sea nacional, autonómica o municipal, solo porque son unos incompetentes. La vergüenza la deberían sentir ellos. Son ellos los que no merecen colocarse al lado de unas banderas tan dignas ni de un pueblo que está tan por encima de sus posibilidades.

Fin del alegato.