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¡Felices fiestas y MultiCósmico 2017!

Ilustración de Luján.

Regalos


Voy a hacer un spoiler navideño: esta noche, en la cena de mi pandilla de Primaria, mi amigo invisible tendrá un libro, concretamente un cómic. También lo tendrá mañana mi sobrino segundo veinticinco años más joven, aunque en su caso será un libro de dinosaurios adecuado a su edad. No es ninguna sorpresa que suelo regalar libros.
A los que tenéis hijos o sobrinos, os pregunto si tendrán libros por Navidad o respondéis que no. Creedme que os lo he preguntado a unos cuantos, y la mayoría respondéis o bien que ya tienen muchos regalos, o que no han pedido ninguno. Es que no les gusta leer, vaya.
Pero ignoráis que está científicamente demostrado que no hay un solo niño en el mundo al que no le guste leer: solamente es que no han encontrado todavía su libro. Un libro es... No voy a decir todo lo maravilloso que es un libro, pero basta decir que cualquier cosa divertida y flipante que imaginéis, cabría en la imaginación de un lector con un libro delante. Por eso es imposible que uno no encuentre su libro preferido, incluso si no le gustaba leer de antes.
Sí, muchas veces cuesta dar con el libro correcto. A veces imponemos nuestros propios gustos a los de los niños. Pero si en un día tan especial como Navidad o Reyes no hay sitio para la literatura, si el niño no cuenta con lectura entre los demás entretenimientos, el libro acabará marginado a la lectura de clase, y de ahí os quedará irremediablemente un niño al que no le guste leer. Un niño que, por desgracia, viajará mucho menos, soñará más corto, un niño que no vivirá vidas de los demás como lo hace un lector.
A veces no se acierta a la primera. Hay que escuchar sus gustos, pensar con un libro que sea un anzuelo (¿le gusta el fútbol? ¿Los animales? ¿Los videojuegos? ¿La danza? Hay libros relacionados), y regalárselo como algo extraordinario, no como una imposición. Preguntad a los libreros. Dejaos aconsejar. No importa si el libro no es una maravilla: a veces ese libro es la puerta a otros mejores, el billete de ida a una pasión lectora sin vuelta.
Si queréis que los niños lean, regaladles (por lo menos) un libro por Navidad. Si no ponéis la lectura en valor, ellos nunca la apreciarán.


Esta entrada fue publicada primero en facebook el 23 de diciembre de 2016.

#Nosotras


Las opiniones que más nos gustan son aquellas con las que estamos de acuerdo. Normalmente.
Nunca he sido partidario de las cuotas de ningún tipo, y por supuesto, tampoco de las de la mujer. Siempre he creído que las mujeres valen suficiente para llegar a lo más arriba. Lo merecen, y si no están todavía en lo más alto, es solo cuestión de tiempo. Basta con que las nuevas generaciones tengan tiempo de demostrar su valor para que las mujeres dirijan sin necesidad de cuotas impuestas. Al menos esa era mi opinión hasta hace dos días.
El domingo se emitió en televisión #Nosotras, un especial de Salvados dedicado a la mujer. Yo, que no estoy acostumbrado a que la caja tonta me convenza de nada, y que ingenuamente pensaba que iba a ver un programa que contaría lo ya resabido y con el que estaría de acuerdo con todo, todavía me llevé sorpresas.
Un grupo de mujeres de perfiles muy diferentes (aunque principalmente muy formadas) se apuntó enseguida a la cuota. Yo pensé rápidamente aquello de: «Pero si es contraproducente. Si las mujeres lo valen, una cuota solamente va a ensombrecer sus méritos». Tuve que pensar eso muy rápidamente, ya os digo, porque la escritora del grupo me pilló por sorpresa. Calaf lo expresó más o menos así.
Antes, ella era contraria a las cuotas. Pensaba que [lo que ya he dicho antes]. Pero descubrió que la meritocracia era una utopía. Ya había mujeres capacitadas, desde hacía tiempo. ¿Por qué no estaban en los puestos de dirección? Porque no existe la igualdad. No se les deja subir ni cuando son mejores. No es verdad, como venimos pensado los buenistas, que las mujeres con talento van a llegar igual de lejos que los hombres con el mismo talento. La realidad, basta mirar arriba, es bien distinta.
Y me convenció. Echó de un plumazo todas mis teorías por tierra. Hemos vivido engañados si pensábamos que el talento iba a bastar.
Otra mujer del grupo, directiva, quitaba hierro al hecho de que se «cuele» alguna mujer incompetente con eso de las cuotas. Parafraseo: «Después de todo, hay un montón de hombres directivos incompetentes y tenemos que vivir con ello. Porque haya una mujer incompetente entre muchas competentes, no va a pasar nada». Y de nuevo, joder, tuve que reconocer que tenía razón. ¿Por qué íbamos a poner el grito en el cielo por una tarada, cuando asumimos con normalidad que manden un millón de tarados?
En otro momento, hablaron de la brecha salarial. Y yo, igual que Jordi Évole, reconozco que el hecho de que una mujer cobre menos por el mismo trabajo, me parece poco menos que ciencia ficción.
Y ahí también arrojaron luz a un tonto como yo.
La directiva Berra lo explicaba muy bien (permitidme el parafraseo de nuevo): «Cuando se ofrece una nueva oportunidad laboral, el hombre pregunta cuándo va a ganar. La mujer pregunta qué va a hacer». No sé si se considerará sexista decir que los hombres, generalmente, negocian mejor. Pero no se puede culpar a las mujeres por pensar antes en responsabilidad y funciones que en el dinero.
El programa abarcó lo que pudo abarcar, poquito, pero fue muy interesante en muchos aspectos. No suelo decir esto, pero me convencieron. Ha cambiado mi opinión en varios aspectos. Pero supongo que el feminismo, como todo, es un proceso. Aquí tenéis el programa completo por si queréis echarle un vistazo. Merece la pena. http://tinyurl.com/zsuedp7


Esta entrada se publicó primero en facebook el 20 de diciembre de 2016.

Yo voté a Rita Barberá

Yo voté a Rita Barberá.
La voté yo y la votó una mayoría absoluta durante varias legislaturas. Una mayoría absoluta que también era mayoría social, ahora que está tan de moda esa expresión. La voté cuando Valencia (y España) era bipartidismo, cuando la ciudad funcionaba bien (porque ni la oposición lograba argumentar una crítica razonada), cuando hasta la misma rival Carmen Alborch reconocía lo difícil que era disputarle la alcaldía porque era consciente de que no había mucho donde atacar. A Rita se la votaba se fuese de izquierdas o de derechas, porque vaya, las políticas municipales son tan básicas que no entienden de signos. Voté a Rita porque la ciudad iba bien, las calles estaban limpias (¡ganaba en todos los barrios, ricos y obreros!) y sentíamos (al menos una mayoría absoluta) que la alcaldesa tenía un proyecto más ambicioso del que se podía suponer para la tercera ciudad del país. Dejé de votarla cuando las arcas que rebosaban dinero se quedaron vacías; cuando descubrimos que todo había sido una ilusión; cuando, ¡vaya!, llegaron políticos con otras propuestas. Propuestas, lo que nunca habíamos tenido.
No sabíamos, porque no éramos adivinos, que la administración era la cueva de Alí Babá. No lo sabíamos ni nosotros, ni la oposición ni la Cheperudeta: entonces no había ningún proceso abierto, Rita no era «la alcaldesa de España» por casualidad ni apenas peros que hacerle. Si los hubo, que hubiesen denunciado entonces. Pero cuando Rita tenía mayoría absoluta, ni la prensa de izquierdas se atrevía a insinuar corrupción. La jefa estaba rodeada por un halo de honestidad que se le borró en los últimos años.
Me niego al revisionismo político por el cuál todos los que la votamos alguna vez somos imbéciles (aunque no fuese recientemente: pero es que estuvo 24 años, raro es el valenciano que no la votó alguna vez). No sé si éramos muy avispados, pero desde luego no menos que la prensa ni la oposición. Que tampoco carguen a los valencianos la capacidad de predecir el futuro, la capacidad para intuir quién es corrupto antes de demostrarse. Porque eso son poderes sobrenaturales, e incluso un don así atenta contra la presunción de inocencia. A mí me da miedo el Estado en el que desaparezca ese derecho constitucional.
Rita subió tan alto que tuvo que tener una caída acorde. Y para los que vimos la evolución, para los que sentimos que, aunque no haya "ilegalidad", hay inmoralidad por los cuatro costados (un político que encuentra normal que le regalen bolsos de marca, que incluso se regodea de que le han hecho regalos mucho más caros, ha perdido el norte y la decencia), para todos nosotros, fue una satisfacción ver el final de esta etapa, ver un nuevo aire en la ciudad. Yo sólo conocía un alcalde de la ciudad, cuando ya había visto tres papas. Hubiese celebrado la victoria de cualquier rival de Rita Barberá aunque fuese el mismo demonio. Hasta en el infierno tendrían que alternar.
Hoy estoy sorprendido por la muerte de la que fue mi alcaldesa desde que tengo uso de razón hasta que dejé la ciudad con veintidós años, la única, la dueña. No me podría alegrar por una pérdida que seguro están lamentando sus familiares y amigos. No entiendo, sin embargo, el minuto de silencio arbitrario en el Congreso de los Diputados (institución a la que no pertenecía, ni que tenga por norma hacer esto con todos los fallecidos), ni puedo culpar a Podemos por no sumarse. Dicen que un minuto de silencio no es un reconocimiento. Entonces que me digan qué es.Y felicito la altura del ayuntamiento de Valencia, poco amigo de Rita, por decretar luto oficial durante tres días. Es lo que corresponde con la alcaldesa de un cuarto de siglo, aunque ella no fuese capaz ni de pasarle la vara de mando a su sucesor. Cualquier alcalde democrático se merece ese reconocimiento al morir.

Esta entrada fue publicada primero en facebook el 23 de noviembre de 2016.

Iniciando MultiCosmos

Me hace muy feliz anunciar (por fin) que el próximo 7 de abril llegará a las librerías mi novela MultiCosmos. Aventuras virtuales a pico y pala, para lectores de 11 a 99 años. Es una historia de aventuras, humor y mundos virtuales. La edición está a cargo de Montena. Si contengo el secreto un día más, exploto. ‪#MultiCosmos